martes, 7 de julio de 2009

Una melodía inyectable


"El beso"

François-Auguste-René Rodin

(París, 1840 - Meudon, 1917)


LOVE OF MY LIFE


Where you are that's where I wanna be
and through your eyes
all the things I wanna see
and in the night you are my dream:
you are everything to me.

You are the love of my life,
and the breath in my prayers.
Take my hand, lead me there.
What I need is you here.

I can't forget the taste of your mouth.
From your lips the heavens pour out.
I can't forget when we are one.
With you alone I am free.

Everyday, every night, you alone,
you are the love of my life.

We go dancing in the moonlight
with the starlight in your eyes.
We go dancing till the sunrise.
You and me we are gonna dance.




AMOR DE MI VIDA

Donde estás es donde quisiera estar
y a través de tus ojos ver lo que ves.
En las noches solitarias eres mi sueño:
lo eres todo para mí.

Significas el amor de mi vida
y el aliento de mis rezos.
Toma mi mano, llévame hasta ti.
Todo lo que necesito es tenerte a mi lado.

No puedo olvidar el sabor de tu boca
porque los cielos se derraman desde tus labios.
No puedo olvidar cuando formamos una sola persona.
Contigo nada más me siento libre sin condiciones.

Cada día, cada noche,
solamente tú eres el amor de mi vida.

Vayamos a bailar bajo la luz de la luna
con los reflejos de las estrellas
destellando en los ojos.
Bailemos hasta que amanezca.
Tú y yo para siempre bailaremos juntos
no importa lo que digan.

(Canción de Carlos Santana incluida en el disco Supernatural de 1999)


Carlos Augusto Santana Alves

(Jalisco, Méjico, 20 de julio de 1947)

lunes, 6 de julio de 2009

La suerte o la muerte


Pepín Liria


LA COGIDA


¡Cobarde! Grita un cobarde

y un valiente palidece.

La afrenta ciega la tarde

y el instante, enorme, crece.


José Tomás



El cuerno esta vez no marra.

Tunde, penetra, desgarra

algo compacto y que pesa.



Israel Lancho


Y hay un grito que se ahoga

y una mueca que interroga

y una sangre que no cesa.


(Poema de Gerardo Diego recogido en Antología de sus versos 1918 - 1983, Madrid, Espasa-Calpe, 1996, Colección Austral, edición al cuidado de Javier Díez de Revenga, pp. 543, p. 308)


Gerardo Diego Cendoya

(Santander, 1896 - Madrid, 1987)

domingo, 5 de julio de 2009

El aura del malditismo



Conocí en persona hace algunos años al escritor Leopoldo María Panero. Fue en una conferencia que Andrés Trapiello ofreció en la Casa Galdós de la calle Cano antes de que se restaurase y quedara espléndida. Sabía del extravío de sus poemas, valoraba los versos inesperados y llenos de evocaciones que pululaban por su poesía. Echaba en falta un poema entero. Aquí voy a reproducir el que me parece que ahonda en un tema que trató profunda y fugazmente Joseph Brodsky. Será, por tanto, un poema brodskiano, si se me permite el gentilicio. Es, tal vez, el único de los poemas panerianos que logra ser un buen poema en conjunto. Lo extraje de un volumen publicado por Visor a cargo del crítico Túa Blesa que lleva por título Poesía completa 1970 - 2000. Fue publicado en el año 2001, el del hundimiento de las torres gemelas, año significativo.



Leopoldo de hecho es el enfant terrible de la literatura española, una mezcla de Lautréamont, Hölderlin, Baudelaire, Poe, Oscar Wilde, Bruce Chatwin y Dylan Thomas juntos. Posee una erudición a tener en cuenta. La sabiduría extraviada por la locura da como resultado una poesía de excelente factura, cuando menos imprevista. Y así es la suya. En el escaso tiempo que pasé con él murmuraba citas en voz baja que sólo podían ser proferidas por un loco, un sabio, un esnob, una sibila o un esteta. Él es todas esas cosas.



Recuerdo que lo llevé en coche hasta el Hospital Psiquiátrico de Tafira y por el camino se esfumaron dos paquetes de tabaco rubio, porque el hombre inhalaba como un poseso un cigarrillo tras otro, y me hizo detener el vehículo varias veces para mear en medio de la calle a la vista de todo el mundo. Insistía en que lo llevara a una taberna para beber cerveza u otras absentas inencontrables o prohibidas. Llegó a preocuparme que le diera por echar mano al volante para que nos saliéramos de la carretera y despeñarnos juntos. Advertido del peligro, comprendí que mi venerado Borges tenía más razón que un Buda cuando me advirtió que conocer al autor siempre es una desgracia. Un mal asunto. Suspiré aliviado cuando lo dejé sano y salvo en la que era su casa. Mientras se alejaba dándome la espalda, dentro de su egotismo tuvo el bonito detalle de mascullar un despido salivoso. Bueno, corramos un tupido velo y pasemos al poema de marras. No tiene desperdicio, aunque contenga alguno.


MOSCA

"Ángel fui, de belleza henchido
de hombres y mujeres celebrado.
Hoy mi rostro recuerda al pecado
y miro con el ojo de la mosca.

Efebo fui, rey del blanco esperma
mi culo fue entre otros celebrado:
hoy, miro con el ojo de la mosca.
Amé la primavera, temí la muerte:
hoy la noche del alcohol es todo lo que queda
y la mosca vuela en torno del retrete.

Rey de la palabra, mis poemas
fueron de todos ensalzados:
hoy sólo es el insistente zumbido de la mosca
volando y volando en torno del retrete.

Negra es mi alma, negro es mi olor,
peor aún: sin color ni forma
sólo el insistente zumbido de la mosca
que susurra en la noche por todos mis amores perdidos
y caídos en la sombra del retrete.

Luché contra Badel y la llené de sangre
buscando en ella la belleza, el orden, la
justicia: no preveía
este final al borde del retrete
donde mis días son atrozmente el mismo
día, mirado por el ojo de la mosca:
volando, volando en torno del retrete.

Tú, que fuiste rubia, y que me amaste
di algo, una palabra solamente
a esta mosca que no es digna aún ni nunca
de entrar en tu casa, donde otras moscas
vuelan y vuelan en torno del retrete.

La elegía, la oda, la aliteración, la metáfora,
el verso acentual y el verso latino
nada decían de esta mosca final
esperando aquí para siempre, absurdamente
vigilando la tapa del retrete.

Y moriré algún día como la mosca
española, que dura un poco más
en el invierno, cayendo seca al suelo
para que otra mosca también,
nacida héroe o poeta
¡vuele, vuele otra vez sobre la tapa del retrete!"

(Panero, Leopoldo María: Poesía completa 1970 - 2000, Madrid, Visor, 2003, 587 págs., pp. 442-444)


Leopoldo María Panero Blanc
(Madrid, 1948)

sábado, 4 de julio de 2009

La voz de las lágrimas (su vida no fue de rosas)



LA GARGANTA DEL GORRIÓN DE FRANCIA

Cuando la vida era un parque de diversiones en Coney Island,
Edith Piaf aún no sabía lo que le esperaba. Marcel Cerdan
iba a morir en las Azores. Un trágico accidente aéreo
se lo llevaría mientras ella le esperaba en Nueva York.



Una noche regresaron a la niñez en el tren de los fantasmas,
un día hubo en que fueron felices sobre caballos de plástico,
girando vueltas sobre ellos mismos, como la vida y la muerte
lo hacen de principio a fin. Cerdan procedía de Casablanca,
donde tenía esposa e hijos que no impidieron la aventura
de compartir un amor intenso con la mujer de la voz de pájaro.



El veintiocho de octubre de mil novecientos cuarenta y nueve
se estrelló el avión en que volaba sobre la isla de San Miguel.
Una historia quedaba truncada y el dolor grabado a flor de piel.
Marlene Dietrich le comunicó la desgracia antes de que cantara
en el café-cabaret Versailles. Cuentan que Edith cantó drogada
y que lo hizo mejor que nunca, como si hubiera suplantado
a Gardel. A partir de ahí se sucedieron los romances, pero
ninguno sustituyó a Marcel. Superó dos graves accidentes
de coche, aupó a cantantes jóvenes al estrellato, juntándose
a ellos como amante. Solía rezar en la iglesia del Sacré Coeur
e inyectarse morfina para neutralizar el espanto. Sufrió
visiones al desintoxicarse para luego volver a caer.



Creció en un lupanar rodeada del cariño de suripantas
y el lujo de las meretrices que la mimaban con sus regalos.
Se inundó de alcohol, albergó entre sus alas a Moustaki, Montand
y Aznavour. Conoció la pobreza, derrochó con las manos llenas,
pero siempre se recuperó otra vez. Sus restos descansan frágiles
en el cementerio de Père Lachaise, muy próximo a Ménilmontant,
el barrio obrero donde nació en el año mil novecientos quince.



Siendo niña estuvo a punto de quedar ciega y se curó gracias
a la virgen de Lisieux. Su padre quería hacer de ella una acróbata
como él lo era en alcobas fuera del hogar. A los diecisiete años
no volvió a verlo más. Empezó cantando en la calle por limosna.
Camille Ribon fue su primer manager. Consiguió trabajo en un club
de la calle Pigalle para cantar, barrer y fregar los platos. Nada
que ver con los candidatos a intérpretes de ahora. Amaba
los trajes militares. Su primer novio legionario cayó muerto
en el norte de África. Otro amante, Louis Dupont, la preñó
de una preciosa niña a la que llamaron Cécelle. Él la raptó
hasta reaparecer e informarle de que estaba enferma. Murió
de meningitis en el hospital Tenon junto a su madre. Un golpe
duro para quien había hecho de la libertad su way of life.


Se emparejó con un proxeneta que pretendía explotarla.
Seducía a viejas para robarles. Prostituía a jóvenes.
Cuando quiso dejarlo estuvo a punto de matarla. La salvó
llamarle cobarde mientras él la encañonaba con su pistola.
Formó triángulo amoroso con un marinero, un militar
y un obrero de minas subterráneas. Éste juró vengarse
cuando lo descubrió y la amenazó de muerte durante años.




Nunca fue una vampiresa. Era de baja estatura y poco agraciada.
Llegó a sentirse fea y despreciable. Quizá por eso se volcó en tener
amantes jóvenes. La acusaron de haber asesinado a su promotor
homosexual Louis Leplée. La interrogaron, pero nunca consiguieron demostrarlo.
En la ciudad de Brest organizaba orgías con marineros en la habitación
de su hotel de campaña, encerrándolos para que no huyeran mientras actuaba.




Ingería cantidades enormes de coñac, vino y champagne hasta el delirio.
Así ocurría que cantaba la vida tal como es y no como desearía
que fuera. Se emparejó con un dandy pedante, Paul Merisse, y no lo soportó
por sus remilgados modales de señorito. En cambio, le encantó el salvajismo
frenético de Jean Cocteau. Pasado un tiempo se enamoró de Henri Contet,
un ingeniero que siempre buscó pretextos para no tener que compartir su casa.
La Piaf, desengañada, cantó en conclusión que si el amor es de verdad hermoso
no durará mucho. Su apartamento se convirtió en una casa de placer
donde gente fugitiva de los nazis planeaba la huida. Ella protegía
y amaba, su avidez libidinosa sólo era comparable al trinar
de sus cuerdas vocales. Trabajó en un prostíbulo de lujo para oficiales
alemanes de la Wehrmacht hasta justo un año antes de hacer el desembarco
en Normandía los aliados. Volvió a intentarlo con el crooner Eddie Constantine,
un barítono de ópera frustrado que había acompañado a Sinatra
y al "jazzista" Louis Armstrong, alguien que terminó dejándola por su propia familia
previamente fundada. Luego vino el ciclista André Pousse, quien no soportó
la sospecha de adulterio que en Edith fue siempre un grave vicio insaciable.




Triunfó en el estrado del Olympia de París cuando ya era casi un cadáver
medio amnésico, alcoholizado y morfinómano. Embelesó a otro
jovenzuelo que respondía por Félix Martin. Tras nuevas trifulcas, como solía
tener antes, se separaron. Entonces vino el inesperado desastre físico:
Edith Piaf quedó atrapada dentro de la chatarra de un Citroën que volcó
por tratar de eludir un camión que se cruzó delante. Se desgarró el labio
superior y se le rompieron dos tendones de su mano derecha. Aún sangraba
cuando la llevaron en volandas hasta el hospital de Rambouillet. Dejó de comer
para alimentarse de la bebida. En el hotel Waldorf-Astoria se desplomó
vomitando sangre viscosa, pues para ella dormir era como perder el tiempo.



Regresó enseguida a buscar el enamoramiento, esta vez en un pintor,
Douglas Davies. Con él sufrió un segundo accidente de tráfico que la dejó
con varias costillas fracturadas. Encima, comenzó a abusar de la cortisona
para amortiguar los padecimientos del reúma. Gracias a la droga morfina
continuaba aguantando giras para poder pagar los hoteles y hospitales.




En el frío Estocolmo, mientras actuaba en la sala Bernsbee, huyó despavorida
del escenario. Decía ver monstruos que le carcomían las vísceras genitales.
La operaron de pancreatitis, y al abrirla, los cirujanos descubrieron
que se hallaba corrompida por un cáncer. En su última actuación parisina
logró cantar que no se arrepentía de nada de lo que hizo en el pasado.
Su amor final fue otro cantor arribista, un griego apellidado Sarapo,
quien heredó de ella deudas en lugar de alhajas. Murió en Grasse, en la Provenza,
esa costa azul francesa donde se retiran los ricos, artistas y gánsteres.

(De mi libro Breviario de fervores y rechazos, Madrid, Edición personal, 2006, 163 págs.)

Tumba de Édith Giovanna Gassion
"Edith Piaf"
(París, 1915 - Plascassier, 1963)
en el cementerio de Père Lachaise

viernes, 3 de julio de 2009

Una película maravillosa


Dirigida por Danny Boyle, basada en una novela del escritor hindú Vikas Swarup, adaptada al cine gracias a un guión de Simon Beaufoy, con una banda sonora del compositor Allah Rakha Rahman que mezcla el sonido tradicional de la India con el pop discotequero de los años setenta, los ingleses han vuelto a demostrar que respetan el teatro y lo cultivan con tanto amor que son capaces de trasladarlo al cine.
Hizo falta poner en liza 15 millones de dólares por parte de tres compañías productoras, pero valió la pena. Es una obra maestra absoluta. Una película que merece pasar al archivo glorioso de la historia del cine. Por fin un espectáculo para la mente, los ojos y los oídos. Gracias a Dios que todavía es posible ver arte en una pantalla sin que sea soporífero. Se sabe que hay gente capaz de genialidades así, lo que cada vez resultaba más difícil era encontrar quién las financiara.


Los dos hermanitos huyendo con el Taj Mahal al fondo


No quiero entrar en detalles sobre esta película. Se defiende sola. Basta con verla. Qisiera añadir, eso sí, que le hicieron justicia al otorgarle el óscar al mejor film y al mejor director en el año 2008. Bueno, me quedo corto, porque se llevó también las estatuillas al mejor sonido, fotografía, montaje, banda sonora, guión adaptado y canción original. En total, ocho oscars.


Jamal, Latika y Salim, los tres pilluelos protagonistas


Yo le hubiera dado los diez posibles. Qué maravilla. Hay una escena en la que se nota el influjo de Pasolini cuando uno de los niños protagonistas se cae en un pozo negro lleno de mierda. Hay otro momento fantástico en que aparece una niña pintada de azul dando la impresión de que Fellini la estuviera filmando. Y en general toda la película es tan inteligente que Woody Allen hubiera deseado haberla dirigido. De hecho, el enredo de la trama está muy próximo a su estilo. Para colmo, aparece el Taj Mahal en todo su esplendor, y además, mostrándosenos cómo cambia con la luz del sol a lo largo de una jornada entera.


La historia de amor está perfectamente injertada en el corazón de la trama


Aquí está la pobreza de la India, pero también su alegría. La mendicidad de la calle y las mafias que la explotan. El amor de unos principiantes que tratan de luchar contra el poder establecido. La superpoblación, pero también la gente llena de energía. La violencia de los intransigentes religiosos y la fe de los pobres en cada nuevo día. Así como también el hurto, el engaño, el fraude y el crimen. O la tortura, el secuestro y la prostitución: el lado oscuro de la vida. La corrupción detrás de las apariencias, pero también la ingenuidad, la mirada limpia y la ternura.


Apoteosis final: baile conjunto de todos los integrantes, incluidos los extras


Alquilé este DVD pensando en que iba a ver una comedia de la que sólo esperaba reírme y me topé con un monumento del séptimo arte, una obra cumbre que demuestra cómo no es todo decadencia en Occidente y que el mestizaje de influencias puede darle nuevos bríos a nuestra cultura.

El director Danny Boyle con los actores Freida Pinto y Dev Patel

miércoles, 1 de julio de 2009

Un amigo de verdad



CALLEJERO

"Era callejero por derecho propio.
Su filosofía de la libertad
fue ganar la suya sin atar a otros
y sobre los otros no pasar jamás.

Aunque fue de todos nunca tuvo dueño
que condicionara su razón de ser.
Libre como el viento era nuestro perro,
nuestro y de la calle que lo vio nacer.



Era un callejero con el sol a cuestas
fiel a su destino y a su parecer,
sin tener horario para hacer la siesta
ni rendirle cuentas al amanecer.

Era nuestro perro y era la ternura
esa que perdemos cada día más
y era una metáfora de la aventura
que en el diccionario no se puede hallar.

Digo nuestro perro porque lo que amamos
lo consideramos nuestra propiedad
y era de los niños y del viejo Pablo
a quien rescataba de su soledad.

Era un callejero y era el personaje
de la puerta abierta en cualquier hogar
y era en nuestro barrio como del paisaje,
el sereno, el cura y todos los demás.



Era el callejero de las cosas bellas
y se fue con ellas cuando se marchó.
Se bebió de golpe todas las estrellas.
Se quedó dormido y ya no despertó.

Nos dejó el espacio como testamento,
lleno de nostalgia, lleno de emoción.
Vaga su recuerdo por los sentimientos
para derramarlos en esta canción."

(Tema del cantautor argentino Alberto Cortez perteneciente al trabajo discográfico "Ni poco... ni demasiado" de 1973)

José Alberto García Gallo

"Alberto Cortez"

(Rancul, La Pampa, 11 de marzo de 1940)

martes, 30 de junio de 2009

La bestia negra de la corrupción eclesiástica


Martín Lutero a los 46 años de edad en 1529

Retrato de Lucas Cranach el Viejo
(Kronach, 1472 - Weimar, 1553)



EL CISMA DEL 31 DE OCTUBRE DE 1517

A las puertas de la iglesia en el castillo de Wittenberg
un hombre deja fijados noventa y cinco apotegmas
según los cuales especula que la tradición evangélica
se contrapone a la venta de indulgencias del Pontífice.

En efecto, los últimos habrán de ser como el primero
en alcanzar los goces del cielo, tal como el de Eisleben
dictamina. Algunos le precedieron, muchos más le creen,
el perdón es cuestión de la piedad de Jesús para Lutero.

Así lo dejó escrito Saulo en sus cartas a gálatas y romanos,
que no por las obras sino por la fe y la gracia se obtiene licencia
de los errores. León décimo, el abyecto, y su cardenal felón
Cayetano, le exigirían luego retractarse
sin demostración a cambio,
pero el buen Martín se negó a ir en contra de su conciencia
de buen católico: pues nadie se hace mejor,
sino mejor se libra del pecado con el soborno.

(De mi libro Cartapacio de zozobra, Madrid, Edición Personal, 2003, 298 págs.)

Estatua de Lutero en la ciudad alemana de Erfurt

"Lutero en Erfurt"
Pintura de Joseph Noel Paton
(Escocia, 1821 - 1901)

Plaza de Wittenberg con la iglesia al fondo

El actor Joseph Fiennes interpretando a Lutero
en la película homónima del año 2003 dirigida por Eric Till

Puerta de la iglesia de Wittenberg donde Lutero
colocó sus célebres 95 apotegmas

Casa donde Martín Lutero falleció

Monumento a Lutero en su ciudad natal
(Eisleben)