Algunas aventuras del rey de Ítaca mientras trata de regresar al trono para reunirse con su mujer Penélope, su hijo Telémaco y su perro Argos
LA ODISEA
(THE ODYSSEY)
(2026)
Un claro ejemplo de cómo se pueden recaudar más de mil millones de dólares habiendo invertido solamente doscientos cincuenta millones: apelando al hambre de autenticidad cultural antigua con la presumible garantía de un bardo ciego que cimenta nuestra civilización en cuanto a literatura. Vamos, dicho en plata: ofrecer "una de romanos" (en este caso griegos), pero con mucho empaque y prestigio de las fuentes. La fórmula ha funcionado y del mismo modo que Homero no es seguro que existiera, Cristopher Nolan sí que vive para bastardear y trocear el texto sobre el que se inspira.
Estuve casi toda la película, que dura casi tres horas, intentando mantener los ojos abiertos porque me dormía. Ya sabía por "Dunkerque" (2017) que este director tiene la flema inglesa por las venas porque hace películas lentas y anodinas aunque el tema sea grandioso. Salvo "Interstellar" (2014), que sí es un largometraje maravilloso, este Nolan parece sobrevalorado en cuanto que tiende a ser muy tranquilo en el manejo de la cámara.
Lo mejor de la historia ocurre cuando se ve a un rapsoda usar un bastón con el que da golpes al suelo para recitar versos. Y lo peor es esa concesión obligatoria al pensamiento "woke" de encarnar a Helena de Troya en una mujer negra y repulsiva. Con este tipo de chorradas parece que creen hacer progresos los pijos, sin darse cuenta de que están incurriendo en un ridículo grosero y espantoso, un atrevimiento propio de la mala fe y la ignorancia juntas. Juan Manuel de Prada dice en su columna del diario "ABC" que la realización le ha parecido "tosca y la planificación huérfana de todo sentido compositivo". En efecto, "La Odisea" de Cristopher Nolan "nos repugna principalmente porque no se trata de una adaptación, sino de una refutación grosera de la obra homérica, propia de un eunuco que, como no puede poseer su grandeza, se dedica a degradarla, rebajarla y ensuciarla con su hálito desdentado y hediondo".
Matt Damon demostró oficio e hizo lo que pudo en su papel de Odiseo (para los griegos) o Ulises (para los latinos). Quien brilló a gran altura fue Anne Hathaway interpretando a una Penélope que ansía el regreso de su marido. Su rostro emana sentimientos de nostalgia y melancolía. Benny Safdie estuvo perfecto caracterizado como Agamenón, rey de Micenas, hermano de Menelao, cuñado de Helena y marido de Clitemnestra. Charlize Theron interpretó brevemente a una diosa Calipso sin nada que se le pueda objetar. Digamos que en la escena marítima cuando Odiseo pide ser atado al mástil de la barca en que viaja para no ser atraído por el canto de las sirenas, no se ve nada en las rocas de los acantilados, un fiasco imperdonable para un pasaje que ha alimentado la imaginación de los lectores durante siglos.
Hasta los más conspicuos defensores de este bodrio reconocen que se hace larga, a ratos confusa, y casi siempre pesada. El Polifemo monstruoso (cíclope de un solo ojo) que nos revela es bastante cutre, así como da grima la transformación que hace Circe de los soldados de Odiseo en cerdos, algo que da la impresión de ser tratado como un obligatorio y penoso trámite. Espero que si algún día alguien se decide a filmar la vida o algún episodio biográfico de un ser excepcional, y además real, como Julio César, algo que a mi juicio es un gran déficit en la historia del cine, no caiga en la superficialidad que transpira esta cinta más bien centrada en los hombres y casi despojada de la omnipresencia que para ellos tenían los dioses.
(Reseña escrita por Andrés González Déniz)