sábado, 14 de marzo de 2009

Tributo a Tiberio


El hombre que lleva el nombre personificado del río que cruza la ciudad eterna, Tiberio Claudio Nerón Germánico Augusto, simboliza el sufrimiento amargo de un hombre que alcanzó el poder muy tarde, cumplidos los 56 años. Sufrió mucho durante un fatigoso servicio militar en el que luchó contra las tribus bárbaras de los Alpes y las que se asentaban a lo largo del Danubio, río cuyo origen descubrió en la Selva Negra el año 16 a. C. al frente de sus tropas. Padeció el peligro de que lo asesinaran por ser un rival molesto para heredar la cabeza del imperio, por lo que tuvo que exiliarse en la isla de Rodas. Conoció la muerte prematura de su hermano Druso, quien con 29 años falleció a consecuencia de una caída de caballo, y sintió el odio concentrado por sospechar que tal vez lo mataron envenenando su herida con los emplastos que supuestamente debieran cicatrizarlas. Recorrió cabalgando 400 millas para ir a verlo cuando le notificaron que estaba grave, y llegó justo a tiempo para solamente poder cerrarle los párpados.

Legionarios romanos en combate

Conoció todo tipo de traiciones antes y después de llegar al poder. Augusto le obligó a divorciarse de su querida esposa Vipsania, hija del gran general Agripa, quien también pretendía heredar el trono. Fue obligado a casarse con la hija del emperador, la libertina Julia, que le daba asco porque se acostaba con todo el mundo. Conoció los temores de la presión de los partos en Oriente y logró establecer un estado tapón concediéndole la autonomía a los armenios. Había estudiado retórica griega en la juventud y sus cartas al Senado son un prodigio de inteligencia y hermosa escritura. Compuso una breve autobiografía, pero probablemente sus enemigos la quemaron porque no ha llegado hasta nuestros días. Pese a todos sus méritos, no llegó a ser emperador por ellos, sino porque su madre Livia le allanó el camino eliminando a sus opositores.
Los republicanos, empezando por Cayo Suetonio Tranquilo, han hecho todo lo posible por echar basura sobre su memoria. Lo consideraban un tirano y tenían que deformar su imagen para lograr difamarlo. Afirman que se entregó a una vida licenciosa llena de depravaciones en la isla de Capri al final de sus días, pero resulta cuando menos improbable en un hombre que ya había cumplido 68 años. Sus denigradores, además, cometen otro error que les delata: ¿Por qué no lo acusan de perversiones sexuales cuando siendo más joven vivía como hijastro de Augusto e hijo de la emperatriz Livia en la isla de Rodas? ¿Acaso con esa posición social no podía disponer de todo lo que se le antojara? Y los mismos historiadores que le critican, ¿no se dan cuenta de la contradicción que supone pintarlo como alguien sobrio, a la antigua usanza, que dejó ricas las arcas del Estado, con tres billones de sestercios, y al mismo tiempo pretender que era un juerguista derrochador o un sibarita refinado? Tengo la impresión de que los ataques contra la depravación sexual de Tiberio en la vejez son tan falsos como todas las estatuas suyas que se conservan sin que ni una sola muestre que era calvo, pues sólo le crecía el pelo en la nuca, y como era el único que tenía, se lo dejaba largo.
Tiberio tuvo el honor de ver cómo un rey judío, Herodes Antipas, fundó una ciudad con su nombre, Tiberíades, a orillas del mar de Galilea. También le ocurrió que durante su mandato Jesucristo fue crucificado, pero no llegó a saber nada de él. Realizó campañas exitosas contra los retios, los ilirios, los panonios y diversas tribus germanas. Con Tiberio hubo motines y revueltas en las fronteras, pero todas fueron aplastadas. Era un hombre de gran estatura, fuerte, acostumbrado a los ejercicios de la milicia, saludable por dentro, pero víctima de una extraña enfermedad cutánea que le hacía brotar úlceras en la cara. Quizá la blancura de su tez no le protegía lo suficiente de las inclemencias solares. Tal vez contrajo algún virus extraño en sus campañas militares asiáticas.
La calvicie y las llagas faciales aumentaron su carácter taciturno, reflexivo y desconfiado. Había conocido el salvajismo más extremo en las luchas cuerpo a cuerpo de las batallas, pero también la astucia, la arrogancia, las intrigas y el afán por el lujo desmedido en los ciudadanos de Roma. Una vez el Senado le pidió que dictaminara una ley para frenar el gasto disparatado de los patricios en banquetes y orgías. Muy tranquilo, envió una carta al Foro en la que decía:

"En lo que a mí me toca, ni es honesto que calle, ni es conveniente que hable, (...) es algo mayor y más elevado lo que se exige a un príncipe. Y aunque cada cual intenta llevarse el mérito de sus buenas acciones, de las faltas de todos se echa la culpa a uno solo. ¿Qué he de tratar en primer lugar de prohibir y reducir a las buenas costumbres? ¿La inmensa extensión de las villas? ¿El número y procedencia de las familias de esclavos? ¿El peso de las vajillas de plata y oro? ¿Las maravillas de estatuas y pinturas? ¿Los vestidos que indistintamente sirven para hombres y mujeres y los que son exclusivos de mujeres, por culpa de cuyas piedras preciosas nuestros dineros pasan a manos de pueblos extranjeros y hostiles?"

Nos lo cuenta Tácito, quizá el mejor escritor que haya existido nunca, dado que siempre narra lo esencial y retrata como nadie la ralea de los seres humanos. Tiberio era en realidad un misántropo que fue incrementando la aversión por sus semejantes a medida que envejecía, porque iba acumulando más y más motivos para sentir por ellos asco y desprecio. Llegaron a ser tales que, en una ocasión, cuando le preguntaron por quién dejaría como sucesor, contestó que estaba criando una serpiente para Roma. Y acertó. Era Calígula.
Me imagino a Tiberio cuando con 9 años leyó en alta voz y en medio del Foro un discurso fúnebre en honor de su padre que acababa de morirse. Me parece estar viendo la plaza, llena de templos y edificios públicos para impartir justicia y vender mercancías, abarrotada de gente escuchándole. También me da por imaginar qué indescriptible emoción sentiría Tiberio cuando con 13 años montó en un carro tirado por caballos, acompañado de su hermano menor Druso, participando así en el desfile triunfal que celebraron Augusto y Agripa por su victoria sobre Marco Antonio y Cleopatra en la batalla naval de Actium. Pienso en el valeroso y capaz Tiberio que con 22 años fue a luchar contra los partos, en lo que fue su bautismo de guerra, logrando recuperar las insignias del ejército, las famosas águilas imperiales, que le habían sido arrebatadas a Marco Licinio Craso tras masacrarlo en la batalla de Carras. El premio de tanto empeño consistió, a su regreso, en mandarlo a luchar de inmediato junto a su hermano en el corazón de la vieja Europa para asegurar la calma en los teritorios levantiscos de los bárbaros.

Ruinas del Foro de Roma en la actualidad

Cuando los nietos de Augusto ambicionaban el poder, la vida de Tiberio corrió riesgos muy serios. Tal es así que la muerte de Druso podía tener que ver. Tiberio sospechaba que pudieron matar a su hermano por esto. Astutamente, lo que hizo fue quitarse de en medio autoexiliándose en Rodas, aunque para ello tuvo que pedirle permiso al emperador Augusto. Los días de su estancia allí fueron de total incertidumbre, porque cada carta que llegaba con un emisario podía ser tanto la de la orden de su ejecución como la de su vuelta a Roma. Una situación así no se la deseo a nadie. Póstumo Agripa también la vivió en la isla de Planasia, pero fue un joven grosero, violento y arrogante que pagó muy caras sus brutales ambiciones: Augusto le hizo una visita personal, lloró con él por el estado precario en que se encontraba y le prometió el poder, pero nada más salir de allí dio la orden de que lo mataran.

Sacerdotisas del templo de Vesta en Roma

La última gran jugada de Tiberio la realizó cuando delegó sus funciones de emperador en Lucio Elio Sejano y se marchó a la isla de Capri. De ese modo lograba aligerarse la pesada carga de las obligaciones del Estado sobre sus hombros y alejarse de la corrupta gente que pululaba por la ciudad de Roma. Consciente de cómo son los hombres de codiciosos y desleales, antes de ser traicionado, Tiberio le tendió una trampa. Le envió una carta en la que le prometía que iba en ella su designación como sucesor. Sejano, incauto, la hizo leer en el Senado. Pero allí lo que se decía era que Sejano tramaba asesinar a Tiberio y, por tanto, debía ser ejecutado de manera fulminante. Lo más triste es que también la guardia pretoriana asesinó a su esposa e hijos pequeños. El régimen de terror que Sejano había impuesto instalando espías y delatores por todas partes y liquidando a todo individuo sospechoso, fuera cierto o no, se volvió contra él del modo más horrible.

Macro asesinando a Tiberio, de Jean-Paul Laurens (1838-1921)

Tiberio moriría a manos de quien sucedió a Sejano como hombre de confianza y jefe de la guardia pretoriana. Se llamaba Nevio Sutorio Macro. Este matarife, para complacer a Calígula y esperando recibir alguna recompensa a cambio, asfixió en su lecho al anciano Tiberio, quien contaba ya con 77 años. Para su desgracia, la recompensa de Calígula no tardaría en llegar: ordenó que mataran a Macro porque en su calidad de verdugo sabía que la muerte de Tiberio no había sido natural. Y exactamente eso, que había muerto por enfermedad o de viejo, era lo que Calígula pretendía que el pueblo de Roma creyese para pasar él por un afligido sobrino que lamentaba la pérdida de su tío carnal. Sic transit gloria mundi.

TIBERIO

(16 de noviembre del 42 a. C. - 16 de marzo del 37 d. C.)

viernes, 13 de marzo de 2009

Una canción de auténtico amor



Me he pasado la vida en el error de malinterpretar la letra de un tema de Paul Anka que es todo fuego. Se titula "Having my baby" y siempre creí que aludía a un rival con éxito que había logrado enamorar a la mujer anhelada. Pensaba que el cantante y compositor canadiense de origen libanés la entonaba con el dolor de saber que alguien se había llevado a su novia, que alguien estaba disfrutando de la persona que él amaba con locura, que alguien mejor poseía a su bienamada.
Pasó el tiempo y la fui reinterpretando a mi modo. Como al escucharla recordaba los calurosos veranos de la adolescencia en las playas del sur, al llegar a la vejez mi mente la tarareaba suponiendo que la juventud perdida era mi amor y el tiempo avaricioso el galán que me la arrebató. Pensaba así hasta hoy, pues al encontrar su letra en la red descubro que me había equivocado. Y vaya error. Menos mal que sigue siendo una canción preciosa. Incluso con su significado verdadero cobra más fuerza, porque parece un himno contra el aborto.


HAVING MY BABY

"You are having my baby,
what a lovely way of saying how much you love me.
You are having my baby,
what a lovely way of saying what you are thinking of me.
I can see it, your face is glowing, I can see it in your eyes
and I am happy knowing that you are having my baby.
You are the woman I love and I love what is doing to you.
You are having my baby. You are a woman in love
and I love what is going through you.
The need inside you, I see it showing,
Oh!, the seed inside you, baby, don´t you feel it growing?
Are you happy in knowing that you are having my baby?

I am a woman in love and I love what is doing to me.

Having my baby!

I am a woman in love and I love what is going through me.

Didn´t have to keep it, wouldn´t put you through it,
you could have swept it from your life, but you wouldn´t do it,
no, you wouldn´t do it, because you are having my baby."


INSEMINADA DE VIDA

Vas a dar a luz a mi hijo: qué hermosa manera
de decirme que me quieres.
Estás embarazada de mí: qué maravillosa manera
de mostrarme lo que piensas.
Puedo verlo, tu rostro está exultante,
puedo leerlo en tus ojos
y soy el hombre más feliz por saber
que vas a dar a luz un hijo mío.
Tú eres la mujer que amo y amo lo que el amor
está haciendo dentro de ti.
Estás trayendo a mi hijo. Tú eres la mujer que quiero
y quiero lo que está sucediendo dentro de ti.
Tu necesidad interior de ser madre
puedo detectarla nada más mirarte.
¡Oh, la semilla en tus adentros!
¿Estás sintiendo como crece?
¿Eres feliz sabiendo que estás encinta de un hijo nuestro?

Soy una mujer enamorada
y amo lo que el amor está haciendo dentro de mí.

¡Tener un hijo nuestro!

Soy una mujer enamorada
y amo lo que está naciendo a través de mí.

No tenías por qué albergarlo en tu seno,
no tenías por qué sufrir el parto,
podías haberlo arrancado de tu vida abortando,
pero tú nunca lo harías, tú nunca lo habrías hecho,
porque estás incubando el hijo del amor nuestro.


En la vida real Paul Anka tuvo cinco hijas y su matrimonio con la madre de las mismas duró desde 1963 hasta el año 2000. La canción escaló puestos en las listas de éxitos cuando salió en 1974. Aun así, quizá por su carácter de balada, a mucha gente le pasó desapercibida. Tal vez pensaron que era otra simplona melodía sobre amoríos. Ahora que sé su verdadero significado su dimensión se agranda hasta extremos casi místicos. Para colmo, este señor colaboró en la canción bandera de Frank Sinatra titulada, como todo el mundo sabe, "A mi manera". Sólo me quedan palabras para decir qué grandes pueden ser algunos hombres sin armar aspavientos ni formar alharacas. Quien la escucha nunca puede olvidar esta canción de Paul Anka porque quema en los oídos y arde en el alma.

Paul Albert Anka (Ottawa, Canadá, 30 de julio de 1941)

jueves, 12 de marzo de 2009

El hombre que hacía oscilar las porterías


Llegó al FC Barcelona en 1978 de la mano de Josep Lluis Núñez por la cantidad de 70 millones de pesetas, cifra que hoy parece ridícula, máxime teniendo en cuenta que Hansi Krankl acababa de ganar la Bota de Oro como mayor goleador europeo con el Rapid de Viena. Además, venía para cubrir un hueco imposible de llenar, el reto más difícil en la historia del fútbol: suplir la baja de Johan Cruyff. Pero llegó, se puso las botas, echó a correr y la primera temporada ya estaba ganando el Pichichi en España con 29 goles marcados, llevándose la Bota de Bronce como tercer mayor realizador del continente, y alzando el Balón de Plata europeo justo por detrás de Kevin Keegan, que jugaba en el Liverpool.
En 1979, poco antes de la final de Basilea en la que el Barça ganaría la Recopa de Europa por 4 - 3 al Fortuna de Düsseldorf, Krankl y su esposa sufrieron un grave accidente de tráfico en la Avenida Diagonal. Se temió por la vida de ambos, especialmente la de ella, que ingresó en la UVI, pero aún así el delantero se ofreció para jugar y marcó el cuarto tanto que le dio la victoria definitiva al Barcelona. Era la primera de cuatro Recopas que conquistaría el Barça, además de otros dos subcampeonatos, lo que convierte al equipo azulgrana en el club que más Recopas ha ganado en la Historia desde que esta competición se fundase en 1960 y clausurara en 1999. En ese cuarto gol del ariete barcelonista es memorable ver cómo el balón levanta la cal del suelo al tratarse de un tiro raso al palo izquierdo, con efecto hacia la derecha, batiendo por debajo al guardameta y haciendo inútil su estirada.
Recuerdo que cuando era joven sólo de nombrar el apellido de este jugador parecía que los aficionados adversarios se ponían nerviosos, porque sabían que era sinónimo de goles a consecuencia de sus disparos potentes y colocados. Una vez leí la crónica de un periodista que fue a entrevistarlo y casi se queda sordo por la dureza del sonido del cuero cuando Krankl entrenaba chutando a puerta. Al igual que el búlgaro Hristo Stoichkov tres lustros más tarde, el austriaco golpeaba el balón con impresionantes zapatazos. Era su estilo: tirar entre los tres palos sin más preámbulos. De hecho no corría mucho, no era un atleta de la resistencia ni de la velocidad. Era un ojo avizor que ponía en práctica con la pelota "el aquí te pillo y aquí te mato". Balón que cogía iba dirigido a las redes como un obús. Por eso hacía temblar a los porteros y vibrar a las porterías. Por eso nunca lo olvidaremos los que amamos el Barça por encima de todos los tópicos, prejuicios, mentiras, manipulaciones, calumnias e insidias que sobre el conjunto blaugrana se propalen.


El ídolo en la actualidad mostrando el escudo que ha sido el orgullo de su vida como deportista

Hansi Krankl (Viena, 14 de febrero de 1953)

martes, 10 de marzo de 2009

Esperando contestación


El sábado a las 03.49 horas GMT (21.49 en Canarias) el cohete Delta II partió desde la estación de Cabo Cañaveral en Florida llevando en su interior la sonda espacial Kepler con la misión de encontrar vida en otros planetas. O tal vez sería mejor decir otros planetas con posibilidades de albergar vida. Primero entrará en la órbita terrestre, a 185 kilómetros de altura, y luego utilizará sus motores para lanzar la nave Kepler hacia la órbita del sol, a 149.640.000 kilómetros de distancia respecto de esta estrella amarilla que está a 8 minutos luz de la Tierra. A partir de ahí realizará una órbita elíptica semejante a la de nuestro planeta azul, puesto que se hallará a la misma distancia, y comenzará un recorrido de traslación en torno al sol cuya duración será de 371 días, seis más que el nuestro, pues el año terrestre es de 365´26.
El aparato en cuestión pesa algo más de 1.000 kilos y cuenta con un telescopio preparado para evitar los reflejos cegadores de los astros. En principio rastreará la zona de Cygnus-Lyra, una región de nuestra galaxia donde sabemos que hay estrellas similares a nuestro sol. Será capaz de observar al mismo tiempo unas 100.000 estrellas cada 30 minutos. Va equipado con un fotómetro de casi un metro de diámetro (95 cms.), cuya lente posee una resolución de 95 millones de píxeles y además es capaz de ver hasta una distancia de más de 3.000 años luz. Su objetivo principal será medir las oscilaciones en el brillo de las estrellas para poder deducir así los planetas que las orbitan. La misión durará tres años y medio y costará 477 millones de euros. Aunque no encuentre vida ninguna, la información que proporcione significará un gran avance astronómico que se verá materializado en la elaboración de un nuevo catálogo planetario. Téngase en cuenta que sólo desde 1995, y gracias a la inestimable ayuda de los telescopios espaciales, se han encontrado 337 nuevos planetas fuera del Sistema Solar en el que habitamos. Eso sí, ninguno con posibilidades de vida por no haberse hallado evidencias de que posean agua en estado líquido. A pesar de todo, también avanzaremos en el conocimiento de la edad de las estrellas y su evolución por los movimientos sísmicos que padecen y las forman.

Despegue del cohete "Delta II" en Florida


En 1999 el sexteto murciano de música rock "M-Clan" tomó una canción de la Steve Miller Band titulada "Serenade" e hizo una versión inigualable:


LLAMANDO A LA TIERRA

"He visto una luz, hace tiempo Venus se apagó.
He visto morir una estrella en el cielo de Orión.
No hay señal, no hay señal de vida humana y yo,
perdido en el tiempo, perdido en otra dimensión.

Soy el capitán de la nave, tengo el control.
Llamando a la Tierra, esperando contestación.
Soy un cowboy del espacio azul eléctrico
a dos mil millones de años luz de mi casa estoy.

Quisiera volver, no termina nunca esta misión.
Me acuerdo de ti como un cuento de ciencia ficción.
No estoy tan mal, juego al póker con mi ordenador.
Se pasan los días: no hay noticias desde la estación."


M-Clan

SERENADE


"Did you see the lights as they fell all around you?
Did you hear the music "Serenade from the stars"?
Wake up, wake up, wake up and look around you,
we are lost in space and the time is our own.

Did you feel the wind as it blew all around you?
Did you feel the love that was in the air?
The sun comes up and it shines all around you.
You are lost in space and the earth is your own."

Steve Miller, el compositor de este tema (Milwaukee, Wisconsin, 1943)

TRADUCCIÓN LIBRE

¿Has visto las luces desparramarse a tu alrededor?
¿Has oído la canción "Serenata de las estrellas"?
Despiértate, reflexiona y observa que estamos perdidos
en el universo y el tiempo es lo único que tenemos.

¿Percibiste el viento cuando arreciaba a tu lado?
¿Sentiste el amor que flotaba en la atmósfera?
El sol brota enérgico y hace brillar todo.
Estamos perdidos en el espacio y la Tierra es lo único que tenemos.


Johannes Kepler (Weil der Stadt, 1571 - Ratisbona, 1630) descubrió que los planetas se desplazan en elipse, su velocidad es variable en función de la distancia respecto al sol, y el tiempo que tardan en completar las órbitas guarda relación, pues son más rápidos cuando están más cerca

lunes, 9 de marzo de 2009

Un gran escritor al descubierto


Segundo volumen de las memorias de Sándor Márai donde cuenta el saqueo de los bolcheviques a Hungría, su patria de nacimiento: "Los que me saludaban perplejos en la oscuridad pertenecían al proletariado del pueblo. Su perplejidad se debía a que ni los grandes cambios ni 'el momento histórico' despertaban en su alma la más mínima experiencia de 'liberación'. Pertenecían a un pueblo que había vivido en estado de esclavitud durante demasiado tiempo y parecían saber que su destino no había cambiado: los dueños de antaño se habían ido, habían llegado los nuevos, y ellos continuarían siendo tan esclavos como antes".
En realidad, el avance del Ejército Rojo se podía comparar con la devastación que las incursiones de las hordas de Gengis Kan, Atila o Tamerlán infligieron varios siglos atrás. Se llevaban los cerdos, los relojes, el trigo, el aceite, la manteca, las cortinas, el carbón, las joyas, el hierro, los muebles, las máquinas, y por último, también las personas. O las mataban directamente o se las llevaban a campos de trabajos forzados. Sobre éstos se han hecho pocas películas, por no decir ninguna, lo que evidencia el hecho de que uno de los vencedores de aquel conflicto, la II Guerra Mundial, fue la Unión Soviética. Tuvimos que esperar a la obra titulada Archipiélago Gulag (publicada en 1973), escrita por Aleksandr Solzhenitsyn, para empezar a enterarnos del drama que padecieron centenares de miles de seres humanos bajo el totalitarismo marxista-leninista. El soldado ruso, bielorruso, kirguís, uzbeko, ucraniano, mongol, siberiano o tártaro "no podía traer la libertad, puesto que él tampoco la tenía".
Muchos de esos soldados serían purgados (eliminados) luego, pagando con su vida el haber entrado en contacto con una sociedad capitalista en su avance hacia Berlín. Su culpa consistió en haber visto un sistema que lograba el bienestar del individuo de un modo más rápido y pujante, todo lo contrario que en Rusia y sus países satélites, por no decir sus colonias explotables. Si la URSS no tenía piedad con sus propios súbditos, menos la iba a tener con húngaros, checos, eslovacos, búlgaros o polacos. Las campañas de exterminio contra narodniks, kulaks, mencheviques, socialistas y trotskistas fueron un precedente trágico y una advertencia funesta de lo que aguardaba a los territorios por los que pasaba la arrolladora maquinaria bélica de los soviéticos.
Apenas poco después en Hungría eran acusados, interrogados, torturados y aniquilados hasta los que se habían opuesto a los nacionalsocialistas antes de 1945. Simplemente se habían vuelto incómodos y sospechosos por haber luchado en defensa de las libertades contra las cruces gamadas, y en el sistema de explotación estajanovista que implantó el estalinismo, la única libertad era la de obedecer las consignas del Partido Único.
Siniestro fue también que se arrancara de sus propiedades o desterrara de sus casas a los intelectuales que callaban, porque el silencio les parecía una forma elocuente de oposición al régimen. En un sistema de terror como aquel, el objetivo era que todo el mundo sintiera pánico para así tenerlos a todos controlados. Hasta los comisarios políticos temían a sus superiores y los militares de alto rango a los emisarios enviados desde Moscú, la tristemente célebre NKVD, la policía política, los correveidiles de papá Stalin.
Leído este memorándum, uno llega a dos conclusiones. Primera: el descubrimiento de un consumado escritor que nos revela su pasado en la ciudad de Budapest, en los alrededores de la Plaza Kossuth. Segunda: que los pobres húngaros escaparon de los espolones nazis para caer en las garras de los bolcheviques crueles y corruptos. Digamos que después de tantos años de infundir miedo a la población, explotarla y saquear los recursos del país magiar, queda la incógnita de si los alemanes, en caso mde triunfar, hubieran sido tan bárbaros como los orientales venidos de Asia. La respuesta que flota en la atmósfera del libro es que probablemente sí. Lo cual es peor, porque indica que en el fondo no tuvieron opción donde elegir. Las alternativas eran un mal u otro. Los americanos e ingleses se desentendieron de ellos en la conferencia de Potsdam.

Panóramica diurna con el puente de las cadenas sobre el Danubio

Vista nocturna de Budapest con el edificio del Parlamento al fondo

Posdata: el título ¡Tierra, tierra! se refiere a las palabras que pronunció el gaviero Rodrigo de Triana cuando oficiaba de vigía y avistó el continente americano, mientras Cristóbal Colón y el resto de la tripulación dormitaba. Son las mismas palabras que sintió en su interior Sándor Márai cuando, tras decidir marcharse voluntariamente al exilio, traspasó la aduana en un tren con destino a Suiza, aprovechando la excusa de haber sido invitado a unas jornadas literarias. Bueno, al menos por esta vez sí puede decirse que la literatura salva. Físicamente, quiero decir, porque anímicamente es una tabla de salvación contra la estulticia y el adocenamiento imperantes.

Balneario de Széchenyi en Budapest, con aguas termales (fría, templada y cálida) en sus tres piscinas exteriores, y medicinales (ricas en azufre, magnesio, calcio y otros minerales) en las del interior

Puente de las Cadenas, el más viejo de la ciudad (inaugurado el 20 de noviembre de 1849), fue construido gracias al conde István Széchenyi, quien donó un año entero de sus rentas para que se realizara

Sándor Károly Henrik Grosschmid de Mára, "Sándor Márai", nacido en Kassa, Hungría, (actualmente Kosice, Eslovaquia) el 11 de abril de 1900, y suicidado en San Diego, Estados Unidos, el 22 de febrero de 1989)

domingo, 8 de marzo de 2009

Un modesto tributo a Teror


Éste fue mi segundo libro y con él pretendí rendirle un homenaje al pueblo del que procedía toda mi familia y en el que viví gran parte de la infancia que siempre se supone feliz. Lo publiqué en 1993 y luego vivió una reimpresión en 1999.
André Gide llegó a escribir que con buenos sentimientos no se puede hacer buena literatura, o que no bastan para hacerla. Bueno, tal vez éste poemario minúsculo de 73 páginas le dé la razón al sodomita parisino. Creo que hay más en él de sentimiento previo a la escritura que logros poéticos propiamente dichos. Siempre me ha parecido lo que hago muy prosaico, y en realidad considero haber sido un cronista versificador y no un poeta. Lo que pasa es que me gusta la condensación, la síntesis, decir en pocas palabras lo más posible, y para eso me parecieron útiles los versos como molde expresivo.
El poema que mejor ha sobrevivido al paso del tiempo quizá sea el que dediqué a la memoria de un indigente que deambulaba por los arrabales del pueblo recogiendo cachivaches en una carretilla adornada con un falso techo y timbres de bicicleta, seguido por una corte de perros abandonados que él prefería al trato humano:


EL MENDIGO DE PAN Y VINO

Marcelino iba arrastrando sus cacharros y el esqueleto
recogiendo trebejos con su carretilla de la basura.
La boca desdentada, negras las encías y el habla muda,
paseaba por los barrios con la estela fugaz de un esperpento.

Era la rechifla de los niños y tenía todo el aspecto
del desheredado que se enfrenta solo a una vida abrupta;
la mirada dócil, de haber atisbado todas las grutas,
y los oídos sordos a la falta del cariño y el respeto.

Mostraba un sempiterno rictus facial, confiado y extemporáneo,
con la sonrisa lastimosa de insinuar haber aprendido
todos los zarandeos que nos puede dar la vida con los años.

Aún lo recuerdo harapiento y desharrapado por los caminos
con un canino séquito de vagabundos abandonados...
Nos dejó en nuestra riqueza y de su miseria nunca supimos.

Torre del campanario del templo terorense

Curiosamente, el soneto que quizá refleje mejor mis sentimientos de aquel entonces hacia Teror estén en el anterior libro, el primero que escribí. No me resisto a dejar constancia de él en este blog que pretende ser a la vez personal y literario:


Plaza adoquinada frente a la fachada de la iglesia con sus balcones coloniales típicos


DEDICADO A TEROR

Un sinuoso trazado expresionista alemán
diseña la irregular pendiente de adoquines
que fluye hasta la basílica y contradice
el alma de Sión que te da la voz popular.

"Del puente a la alameda" musita el cantar
y tal parece que Chabuca Granda en ti se
inspirara, tras un paseo en el parque de Sintes
o tras una jarana en la plaza del Palmar.

De todas formas, déjame que cuente limeña,
ahora que aún es posible perdurar los recuerdos,
las correrías por la feudal Osorio de otrora,

ahora que aún se mecen en la gloria que sueña
por mi nostalgia los parajes y vericuetos
de noches de ronda bajo el balcón de Zamora.

María Isabel Granda y Larco, "Chabuca Granda", compositora y cantante sudamericana inolvidable, autora de las canciones "Fina estampa" y "La flor de la canela", nacida en Cotabambas, Perú, en 1920, y fallecida en Miami, Estados Unidos, en 1983, a la edad de sesenta y tres años

Chabuca Granda cantando con el corazón en la mano

El tiempo ha cambiado mi percepción de un pueblo que ha visto aumentar la población, multiplicar las casas y transformarse en una zona urbana que apenas rememora la villa rural que fue. Todo esto ha venido acompañado de un deterioro social alarmente que antes estaba latente o no existía. Si a eso le añadimos que dentro de poco una nueva carretera acortará el trayecto desde Las Palmas a partir de Tamaraceite, es posible que la esencia campesina de Teror haya muerto para siempre, como tanta gente anónima que veía pasear por sus calles y cuyos rostros han ido desfilando hacia la noche de la muerte de una forma humilde, silenciosa, como si no hubieran querido molestar a nadie.

Linterna de la nívea cúpula rematada por una cruz esmeralda, con ventanas al estilo románico, y gárgola demoníaca para evacuar el agua del tejado, expulsar los espíritus malignos y espantar a los pecadores

Óleo de Luis Grimón Aguilar basado en una fotografía realizada en 1890

viernes, 6 de marzo de 2009

Crónica sentimental de Barcelona


"Abigarrada y opulenta, Barcelona parecía la ciudad más abierta al futuro, la que albergaba las grandes editoriales populares y renovadoras, las nuevas revistas, las nuevas ideas, la nueva música". Federico Jiménez Losantos ha rendido un sentido homenaje a su juventud vivida en la ciudad Condal. En este ejercicio de nostalgia queda imborrable un laberinto de emociones, de sensaciones desbordantes al inicio de la democracia, de inquietudes culturales en la revista "Diwan", foco de reflexión y literatura que impulsó y dirigió junto a otros colaboradores. Una Barcelona híbrida y cosmopolita como no ha vuelto a serlo desde entonces, una Barcelona ilusionante y con pujanza económica en la que vivir resultaba mucho más aventurero y barato que ahora.
"Hoy resulta fácil ver todo lo que de provinciano y de ignorancia había en aquella envoltura, lo ilusorio de aquel deseo, su fragilidad". Losantos llegó a Barcelona en el otoño de 1971 y salió de allí en ambulancia una década después. Sufrió un atentado terrorista afortunadamente chapuero, un secuestro durante más de una hora que acabó con un disparo en la pierna derecha y el abandono en un descampado de la autopista que conduce a Tarragona y Lérida. ¿El pecado? Haber firmado un manifiesto en defensa del trato igualitario para el idioma español en Cataluña. Hasta estos paroxismos de insensatez conduce el nacionalismo cazurro de los radicales.
A pesar de todo, menos mal que "la felicidad de lo porvenir la vivíamos con una sensación casi física de placer inextinguible. Éramos tan pobres que no teníamos nada que perder. Éramos tan jóvenes que todo estaba por llegar", y es ésta añoranza la que empapa el libro o tal vez sea la de los ojos de quien lo lee. El caso es que Federico Jiménez Losantos escribe tan bien que lo borda, y se discrepe con él o no, como en el caso de su apoyo intelectual a la invasión de Irak o a la celebérrima fotografía de Aznar en las islas Azores, es un prosista de gran altura y el estilismo que derrocha está muy por encima de sus tomas de posición sectarias o interesadas.
Hoy se le considera el portavoz de la derecha recalcitrante, cuando en verdad es un paladín de los liberales. Su defensa de la lengua española lo ha convertido en un protomártir, así como el amor por España y la adhesión futbolística al Real Zaragoza lo realzan de un modo entrañable, aunque resulte desconcertante verlo en el palco del Santiago Bernabéu apoyando a un club franquista cuando él partió como comunista, y además de la tendencia maoísta pro-china en la trotskista ORT (Organización Revolucionaria de los Trabajadores). Tiene derecho a evolucionar y lo ha hecho, ahora bien, tuvo el deber de aprender catalán habiendo vivido diez años en Barcelona y ni siquiera lo chapurrea. Es como si, en lugar de cohabitar con los catalanes, se hubiera tomado su estancia allí como parte integrante de una fuerza de ocupación. Dice que Barcelona es una ciudad abierta, pero por lo que se ve, él la vivió cerrado a la cultura catalana y a su más íntima expresión: la lengua en que escribieron Ramón Llull, Ausias March, Pere Torroella, Ramón Muntaner, Jordi de Sant Jordi, Joanot Martorell, Jacint Verdaguer, Buenaventura Carlos Aribau, Antonio de Bofarull, Joan Maragall, Josep Carner, Armand Obiols, Bonaventura Bassegoda, Narcís Oller, Josep Maria de Sagarra, Josep Palau i Fabre, Joan Salvat-Papasseit, Antoni Pellicer, Pere Coromines, Josep Pla, Joan Alcover, Pompeu Fabra, Salvador Espriu, Pere Quart, Maria Ángels Anglada, Carles Soldevila, Robert Saladrigas, Agustí Bartra, Núria Albó, Narcís Comadira, Sergi Pàmies, Joan Barril, Quim Monzó, Joan Margarit, Arcadi Espada, Jaume Fuster, Montserrat Roig, Joan Vinyoli, Mercé Rodoreda, Miquel de Palol, Baltasar Porcel, Joan Brossa, Carme Riera, Emili Teixidor, Xavier Rubert de Ventós, Maria Aurelia Capmany, Joaquim Carbó, Màrius Carol, Josep Maria Castellet, Jordi Villaronga, Toni Sala, Olga Xirinacs, Joan Perucho, Terenci Moix, Vázquez Montalbán, Eduardo Mendoza, Juan Marsé, Isabel Clara Simó, Jordi Sierra i Fabra, Masoliver Ródenas, Antoni Dalmases, Pere Gimferrer y Eduard Punset.

El Palacio de Montjuïc, sede del Museu Nacional d'Art de Catalunya

Con mis hijos en la Plaza de Cataluña, nudo central de comunicaciones

Rubén y César en el corazón de Barcelona donde George Orwell escribió su Homenaje a Cataluña

El Palau de la Música, cumbre del modernismo, obra del arquitecto barcelonés Lluís Domènech i Montaner (1850-1923), quien además fue profesor del genial Antonio Gaudí

Playa de Icaria, situada frente a la Ciutadella de la Vila Olímpica

Vista nocturna de La Barceloneta, la playa más popular de Barcelona

Verónica y Olivia en la Plaza de España junto a la desaparecida plaza de toros de las Arenas, cuyo estilo arquitectónico era neomudéjar

Estadio del Camp Nou, el Palacio del fútbol y el Olimpo de las estrellas, capaz de acomodar a 98.934 espectadores, es el recinto con más capacidad de Europa. Fue inaugurado el 24 de septiembre de 1957

Parque Güell, proyecto inconcluso de Antoni Gaudí i Cornet (1852-1926)

Con Olivia en la Avenida Gaudí junto al Hospital de Sant Pau

Villa Olímpica: Hotel Arts y Torre Mapfre (miden 153'5 metros de altura)

Torre Agbar, símbolo de la moderna Barcelona