Este libro es una vuelta de tuerca más en la extensa bibliografía de un autor que me apasiona: Vicente Verdú. He leído otros títulos suyos: Días sin fumar, El planeta americano, Emociones, Señoras y señores: impresiones desde los 50, El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción, Yo y tú, objetos de lujo, No ficción, Cuentos de matrimonios, y nunca me ha defraudado como ensayista, aunque he de reconocer que como narrador no está su prosa a la misma altura. Me refiero a la colección de relatos titulada Cuentos de matrimonios. Lo mismo le ocurre a Raúl del Pozo, y no por eso dejo de admirarlos a los dos. La única vez que le noté un ligero defecto me ocurrió mientras leía El estilo del mundo o cuando he visitado su blog: por momentos me pareció el portavoz de la "megapijería", pero qué portavoz. Digamos que dignifica la mentalidad pija si es que él ha de convertirse en su estandarte.Es un pensador poético a la manera de Ciorán, sólo que carente de su pesimismo, excepto en el libro Señoras y señores: impresiones desde los 50, que te deja con un estado de ánimo depresivo porque describe la realidad que aguarda a quienes cumplan esa edad.
Es tan bueno que me atrevería a llamarlo coloquialmente el Pascal Bruckner español o nuestro Jean Baudrillard de andar por casa. Posiblemente es un poeta que no escribe poesía a sabiendas de que es un género donde abundan más los que la practican que quienes la acogen leyéndola. Es un orfebre lingüístico. Y ha creado escuela. Recuerdo vagamente haber leído un primoroso ensayo de un hijo suyo titulado Adulescentes (adultos + adolescentes) o algo así. En el rigor del tratamiento del tema se notaba la mano del padre. Versaba sobre esos jóvenes sobradamente preparados que se resisten a envejecer. En fin, yo mismo no me siento inclinado a los halagos, pero es que tratándose de Vicente Verdú, a quien descubrí hace muchos años en las páginas de la revista dominical del periódico "El País", no puedo más que deshacerme en elogios. Es como si me hubiera educado con su sensibilidad, la agudeza de su pensamiento y el manejo sibarítico, singular y prodigioso, que hace del idioma. Es tan bueno que me siento como un usurpador del espacio que deberían ocupar sus palabras. Así que paso rápidamente a exponer unas cuantas citas de este último libro suyo:"Capitalismo y competitividad son neuronas del mismo cerebro. Se compite en la empresa, se compite en el deporte, en la escuela o en el amor."


"La mala calidad de la vida urbana se corresponde con la mala calidad de la salud, la mala calidad de la educación, la mala calidad de la justicia o la democracia. Los gobernantes, los catedráticos, el lenguaje, los jerséis, los guantes, los salarios, las relaciones de pareja, todo se halla rebajado o en plena liquidación."

"Todos venimos y vamos a la banca, todos estamos endeudados."
"Entre los seres humanos existe un tipo de intercambio que no proviene del conocimiento, y ni siquiera de la carencia de conocimiento, sino de la nula aspiración a saber (John Kenneth Galbraith, El crack del 29)."
Vicente Verdú Maciá
(Elche, 1942)

















Nabolione di Buonaparte


