sábado, 26 de diciembre de 2020

A lo largo de la historia hemos adorado a las rocas


El ónfalo u ombligo de Delfos en el valle del Pleisto, junto al monte Parnaso, que Zeus hizo depositar allí para señalar el centro del mundo

BETILOS SACROS

En algunas cuevas prehistóricas se adoraba
a una roca ovalada como la madre diosa.
Era la prefiguración de Venus gruesas, redondas
y fértiles. El abadir loado en Mesopotamia,

el Ben-ben en la Heliópolis egipcia, la Kaaba
de La Meca o el mismo Ómphalos en Delfos. Todas
eran monolitos como el Betel donde reposa
el sueño Jacob contemplando ángeles que bajaban



Dama blanca rígida
(Circa 6000 a. C.)
Diosa de la Muerte y la Regeneración
Figurilla de mármol de 7 cm de altura perteneciente a la cultura Karanovo y procedente del poblado de Azmask en la actual Bulgaria
(Museo Nacional de Belgrado en Serbia)

y subían por una escalera hasta el cielo.
En Roma era una “sílex religiosa” la piedra
traída de Pesimunte. Había otra en Éfeso

desde la que la Virgen María abandonó la Tierra.
En la mezquita de Al-Aqsa, coronando un cerro,
se halla aquella desde la que Mahoma se eleva.

(Poema escrito por Andrés González Déniz)


El Ben-ben (cuyo nombre significa "montaña primordial") se adoraba en el templo de Lunu situado en la ciudad egipcia de Heliópolis. Es piramidal y de origen meteorítico. Presenta a Benu (el ave fénix que regresa cada 12.594 años para poner un huevo) tallada en una de sus caras

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