Wisława Szymborska
(2 de julio de 1923 – 1 de febrero de 2012)
La más auténtica y mejor poeta del mundo
DESCUBRIMIENTO
Creo en el gran descubrimiento.
Creo en el hombre que
hará
el descubrimiento.
Creo en el terror del hombre
que hará el
descubrimiento.
Creo en la palidez de su rostro,
la náusea, el sudor frío
en su labio.
Creo en la hoguera de las notas,
en arder hasta las
cenizas,
en quemar hasta la última.
Creo en la dispersión de los
números,
su dispersión sin remordimiento.
Creo en la rapidez del
hombre,
la precisión de sus movimientos,
su libre albedrío
irreprimido.
Creo en la destrucción de las tablillas,
el vertido de
los líquidos,
la extinción del rayo.
Afirmo que todo funcionará
y
que no será demasiado tarde,
y que las cosas se desvelarán
en ausencia de
testigos.
Nadie lo averiguará, no me cabe duda,
ni esposa ni
muralla, ni siquiera un pájaro,
porque bien puede cantar.
Creo en la
mano detenida,
creo en la carrera arruinada,
creo en la labor perdida de
muchos años.
Creo en el secreto llevado a la tumba.
Para mí estas
palabras se remontan
por encima de las reglas.
No buscan apoyo en ejemplos de
ninguna clase.
Mi fe es fuerte, ciega y sin ningún fundamento.
IDENTIFICACIÓN
"¡Qué bien que hayas venido!", dice.
"¿Oíste que el jueves se estrelló un avión?"
"Ajá, pues precisamente por ese asunto
vinieron a buscarme.
Parece que él estaba en la lista de pasajeros."
Y qué, igual se arrepintió.
"Me dieron una pastilla para que no me desmayara.
Todo negro, quemado, menos un brazo.
Un jirón de la camisa, el reloj, la alianza."
"Me enfurecí, porque seguro que no era de él.
Nunca me haría eso, tener ese aspecto.
Y de esas camisas están llenas las tiendas.
Y ese reloj es un reloj corriente.
Y nuestros nombres en su alianza
son nombres muy comunes."
"¡Qué bien que hayas venido!"
"Siéntate aquí a mi lado."
"Es cierto, tendría que haber vuelto el jueves,
pero quedan muchos jueves todavía este año.
Ahora mismo pongo agua para el té.
Me lavo el pelo, y luego, luego qué,
intentaré despertarme de todo esto."
"¡Qué bien que hayas venido!"
"Porque allí hacía frío,
y él en ese saco de dormir de goma,
él, quiero decir, ese pobre infeliz."
"Ahora mismo pongo agua
para el jueves, me lavo el té,
es que claro, con lo comunes
que son nuestros nombres..."
PARÁBOLA
Ciertos pescadores sacaron
del fondo
una botella.
Había en la botella un papel,
y en el papel estas palabras:
"¡Socorro! ¡Estoy aquí! El océano
me arrojó a una isla desierta.
Estoy
en la orilla y espero ayuda.
¡Dense prisa. Estoy aquí!"
-No tiene fecha.
Seguramente
es ya demasiado tarde.
"La botella pudo haber flotado
mucho
tiempo", dijo el pescador primero.
-Y el lugar no está indicado.
"Ni siquiera
se sabe en qué océano",
dijo el pescador segundo.
-Ni demasiado tarde ni
demasiado lejos.
"La isla Aquí está en todos lados",
dijo el pescador
tercero.
El ambiente se volvió incómodo,
cayó el silencio.
Las verdades
generales
tienen ese problema.
POSIBILIDADES
Prefiero el cine.
Prefiero los gatos.
Prefiero los
robles a orillas del Warta.
Prefiero Dickens a Dostoievski.
Prefiero que
me guste la gente
a amar la humanidad.
Prefiero tener a mano hilo y
aguja.
Prefiero no afirmar
que la razón es la culpable de
todo.
Prefiero las excepciones.
Prefiero salir antes.
Prefiero hablar
de otra cosa con los médicos.
Prefiero las viejas ilustraciones a
rayas.
Prefiero lo ridículo de escribir poemas
a lo ridículo de no
escribirlos.
Prefiero en el amor
los aniversarios no exactos
que se
celebran todos los días.
Prefiero a los moralistas
que no me prometen
nada.
Prefiero la bondad astuta
que la demasiado crédula.
Prefiero la
tierra vestida de civil.
Prefiero los países conquistados
a los
conquistadores.
Prefiero tener reservas.
Prefiero el infierno del caos
al
infierno del orden.
Prefiero los cuentos de Grimm
a las primeras planas del
periódico.
Prefiero las hojas sin flores
a la flor sin hojas.
Prefiero los
perros con la cola sin cortar.
Prefiero los ojos claros
porque los tengo
oscuros.
Prefiero los cajones.
Prefiero muchas cosas
que aquí no he
mencionado
a muchas otras tampoco mencionadas.
Prefiero el cero solo
al
que hace cola en una cifra.
Prefiero el tiempo insectil al
estelar.
Prefiero tocar madera.
Prefiero no preguntar
cuánto me queda y
cuándo.
Prefiero tomar en cuenta
incluso la posibilidad
de que el ser
tiene su razón.
PUEDE SER SIN TÍTULO
Ocurre que estoy sentada bajo un árbol,
a la
orilla del río,
en una mañana soleada.
Es un suceso banal
que no pasará
a la historia.
No son batallas ni pactos
cuyas causas se investigan,
ni
ningún tiranicidio
digno de ser recordado.
Y sin embargo, estoy sentada
junto al río, es un hecho.
Y puesto que estoy aquí,
tengo que haber venido
de algún lado
y antes haber estado en muchos otros sitios,
exactamente
igual que los descubridores
antes de subir a cubierta.
El instante más
fugaz
también tiene su pasado,
su viernes antes del sábado,
su mayo antes
de junio.
Y son tan reales sus horizontes
como los de los prismáticos de
los estrategas.
El árbol es un álamo
que hace mucho echó raíces.
El
río es el Raba, que fluye desde hace siglos.
No fue ayer cuando el
sendero
se formó entre los arbustos.
El viento, para disipar las
nubes,
antes tuvo que traerlas.
Y aunque no sucede nada en los
alrededores,
el mundo no es más pobre en sus detalles,
ni está peor
justificado ni menos definido
que en la época de las grandes migraciones.
No sólo a las conjuras acompaña el silencio.
Ni sólo a los monarcas un
séquito de causas.
Y pueden ser redondos no sólo los aniversarios,
sino
también las piedras solemnes de la orilla.
Complejo y denso es el bordado
de las circunstancias.
Tejido de hormigas en la hierba.
Hierba cosida a la
tierra.
Diseño de olas en el que se enhebra un tallo.
Por alguna causa
yo estoy aquí y miro.
Sobre mi cabeza una mariposa blanca
aletea en el
aire
con unas alas que son solamente suyas,
y una sombra sobrevuela mis
manos,
no otra, no la de cualquiera, sino su propia sombra.
Ante una
visión así,
siempre me abandona la certeza
de que lo importante
es más
importante que lo insignificante.
CÁLCULO ELEGÍACO
Cuántos de los que he conocido
(si de verdad los
he conocido)
hombres, mujeres
(si esta división sigue vigente),
han
atravesado este umbral
(si esto es un umbral),
han cruzado este
puente
(si se puede llamar puente).
Cuántos después de una vida
más
corta o más larga
(si para ellos en eso sigue
habiendo alguna
diferencia),
buena porque ha empezado,
mala porque ha acabado
(si no
prefirieran decirlo al revés),
se han encontrado en la otra orilla
(si se
han encontrado
y si la otra orilla existe).
No me es dado
saber
cuál fue su destino
(ni siquiera si se trata de un solo
destino,
y si es todavía destino).
Todo
(si con esta palabra no lo
delimito)
ha terminado para ellos
(si no lo tienen por
delante).
Cuántos han saltado del tiempo en marcha
y se pierden a lo
lejos
con una nostalgia cada vez mayor.
(si merece la pena creer en
perspectivas).
Cuántos
(si la pregunta tiene algún sentido,
si se
puede llegar a la suma final
antes de que el que cuenta se cuente a sí
mismo)
han caído en el más profundo de los sueños
(si no hay otro más
profundo).
Hasta la vista.
Hasta mañana.
Hasta la próxima.
Ya no
quieren
(si es que no quieren) repetirlo.
Condenados a un
interminable
(si no es otro) silencio.Ocupados sólo con aquello
(si es
sólo con aquello)
a lo que los obliga la ausencia.
LA HABITACIÓN DEL SUICIDA
Seguramente crees que la
habitación
estaba vacía. Pues no.
Había tres sillas bien firmes.
Una
lámpara buena contra la oscuridad.
Un escritorio, en el escritorio
una
cartera y periódicos.
Un buda despreocupado.
Un cristo pensativo.
Siete
elefantes para la buena suerte
y en el cajón una agenda.
¿Crees que no
estaban en ella
nuestras direcciones?
Seguramente crees que no había
libros,
cuadros ni discos. Pues sí.
Había una reanimante trompeta
en unas
manos negras.
Saskia con una flor cordial.
¡Alegría, divina
chispa!
Odiseo sobre el estante durmiendo
un sueño reparador
tras las
fatigas del canto quinto.
Moralistas,
apellidos estampados con sílabas
doradas
sobre lomos bellamente curtidos.
Los políticos justo al lado
se
mantenían erguidos.
No parecía que de esta habitación
no hubiera
salida, al menos por la puerta,
o que no tuviera alguna perspectiva,
al
menos desde la ventana.
Las gafas para ver a lo lejos
estaban en el
alféizar.
Zumbaba una mosca, o sea que aún vivía.
Seguramente crees
que cuando menos
la carta algo aclaraba.
Y si yo te dijera que no había
ninguna carta.
Tantos de nosotros, amigos, y todos cupimos
en un sobre
vacío apoyado en un vaso.
ENTIERRO
"Tan de repente, quién lo hubiera dicho."
"Los nervios y
el tabaco, yo se lo advertí."
"Más o menos, gracias."
"Desenvuelve estas
flores."
"Su hermano también murió
del corazón, seguramente es de
familia."
"Con esa barba jamás
lo hubiera reconocido a usted."
"Él tiene la
culpa, siempre
andaba metido en líos."
"He de hablarle, pero no lo
veo."
"Casimiro está en Varsovia,
Tadeo en el extranjero."
"Tú sí que eres
lista, yo no pensé
para nada en el paraguas."
"Qué importa que fuera el mejor
de ellos."
"Es un cuarto de paso. Bárbara
no estará de acuerdo."
"Es cierto,
tenía razón, pero eso no es motivo."
"Barnizar la puerta, adivina por
cuánto."
"Dos yemas y una cucharada de azúcar."
"No era asunto suyo, por qué
se metió."
"Todos azules y sólo números pequeños."
"Cinco veces, y nunca
contestó nadie."
"Vale, quizá yo haya podido, pero tú también
podías."
"Menos mal que ella tenía ese empleo."
"No lo sé, tal vez sean
parientes."
"El cura, un verdadero Belmondo."
"No había estado nunca
en esta
parte del cementerio."
"Soñé con él hace una semana,
fue como un
presentimiento."
"Mira qué guapa la niña."
"No somos nadie."
"Denle a la
viuda de mi parte..."
"Tengo que llegar a..."
"Y sin embargo en latín
sonaba más
solemne."
"Se acabó. "
"Hasta la vista, señora."
"¿Qué tal una
cerveza?"
"Llámame y hablamos."
"Con el tranvía cuatro o con el
doce."
"Yo voy por aquí."
"Nosotros por allá."
DESPEDIDA DE UN PAISAJE
No le reprocho a la primavera
que
llegue de nuevo.
No me quejo de que cumpla
como todos los años
con sus
obligaciones.
Comprendo que mi tristeza
no frenará la hierba.
Si
los tallos vacilan
será sólo por el viento.
No me causa dolor
que
los sotos de alisos
recuperen su murmullo.
Me doy por enterada
de
que, como si vivieras,
la orilla de cierto lago
es tan bella como
era.
No le guardo rencor
a la vista por la vista
de una bahía
deslumbrante.
Puedo incluso imaginarme
que otros, no
nosotros,
estén sentados ahora mismo
sobre el abedul
derribado.

Respeto su derecho
a reír, a susurrar
y a quedarse
felices en silencio.
Supongo incluso
que los une el amor
y que él
la abraza a ella
con brazos llenos de vida.
Algo nuevo, como un
trino,
comienza a gorgotear entre los juncos.
Sinceramente les
deseo
que lo escuchen.
No exijo ningún cambio
de las olas a la
orilla,
ligeras o perezosas,
pero nunca obedientes.
Nada le pido
a
las aguas junto al bosque,
a veces esmeralda,
a veces zafiro,
a veces
negras.
Una cosa no acepto:
volver a ese lugar.
Renuncio al
privilegio
de la presencia.
Te he sobrevivido lo suficiente
como
para recordar desde lejos.
NADA SUCEDE DOS VECES...
Nada sucede dos veces
ni va a suceder, por
eso
sin experiencia nacemos,
sin rutina moriremos.
En esta escuela
del mundo
ni siendo malos alumnos
repetiremos un año,
un invierno, un
verano.
No es el mismo ningún día,
no hay dos noches
parecidas,
igual mirada en los ojos,
dos besos que se repitan.
Ayer
mientras que tu nombre
en voz alta pronunciaban
sentí como si una
rosa
cayera por la ventana.
Ahora que estamos juntos,
vuelvo la
cara hacia el muro.
¿Rosa? ¿Cómo es la rosa?
¿Como una flor o una
piedra?
Dime por qué, mala hora,
con miedo
inútil te mezclas.
Eres y por eso pasas.
Pasas, por eso eres
bella.
Medio abrazados,
sonrientes,
buscaremos la cordura,
aun siendo tan diferentes
cual dos
gotas de agua pura.
Las
cuatro de la madrugada.
Hora de la noche al día.
Hora de un costado al
otro.
Hora para treintañeros.
Hora acicalada para el canto del
gallo.
Hora en que la tierra niega nuestros nombres.
Hora en que el viento
sopla desde los astros extintos.
Hora ¿"y-si-tras-de-nosotros-no-quedara-nada"?
Hora vacía.
Sorda,
estéril.
Fondo de todas las horas.
Nadie se siente bien
a las cuatro
de la madrugada.
Si las hormigas se sienten bien
a las cuatro de la
madrugada,
habrá que felicitarlas.
Y que lleguen las cinco,
si es que
tenemos que seguir viviendo.
(Poemas escritos por Wislawa Szymborska y trasladados
al idioma español por varios traductores distintos)
Wisława Szymborska
(Kórnik, 1923 – Cracovia, 2012)