TEIDE
Subir en equilibrio a tu cintura
como salto de mar, aire, nieve,
y rodear el talle que se atreve
a alzar la voz polar de tu estatura.
¡Qué alto el manantial de tu frescura
que me contagia dentro y que me llueve!
¡Qué alta tu soledad! ¡Qué blanca y leve
la rosa abierta de tu escarcha pura!
Manar de ti. ¡Qué surcos y qué huellas!
De tus brazos el agua, vuelto y hondo
y serle vena al mar por tu costado.
La noche me diluye sus estrellas
y el corazón te ve, Teide, en el fondo
y se duerme en tus pies aprisionado.
En Los Llanos de Ucanca con el Teide al fondo





















