Harry Nicolaides encarcelado en Bangkok
El novelista cuando vivía feliz en Tailandia
Ni los barrotes pueden impedir expresarse a un verdadero escritor
Portada del libro autoeditado por el autor
Harry Nicolaides encarcelado en Bangkok
El novelista cuando vivía feliz en Tailandia
Ni los barrotes pueden impedir expresarse a un verdadero escritor
Portada del libro autoeditado por el autor


Sharleen Spiteri (Glasgow, 1988), intérprete de la canción


Retrato de José Sobral de Almada Negreiros
Fernando Pessoa
Fernando Pessoa pintado por Alfredo Plank (Munich, 1937)
Aquí estoy admirando a Pessoa en el verano del año 1993
Fernado Pessoa caminando por una calle lisboeta
Patio del Monasterio de los Jerónimos en Lisboa donde yace el poeta
Monasterio de los Jerónimos (siglo XVI) construido en estilo manuelino.
Obra del arquitecto Diogo de Boitaca
Si fuera al exterior mi condición
tan atractiva como lo es por dentro.
El Maelstrom va arrastrándose a su centro.
No hacer nada será mi perdición.
Un inútil. Y aquí lo dejo escrito.
Ah, quién pudiera, despreciando a todos,
con la chaqueta rota por los codos
¡ser bello y paladín, loco y maldito!
Siento deseos de llevar mis manos
a la boca y morder furiosamente.
Sería un espectáculo infrecuente
que distraería a los demás, tan sanos.
El absurdo, de Oriente flor sublime
que en Oriente no hallé, ha prosperado
en mi hastío mental de estar cansado.
Que Dios cambie mi vida, o que la ultime.
de los que han de meterme en el arcón.
Siempre fui un mandarín de condición
carente del sosiego, el té y la estera.
Vista lateral de las columnas y las arquerías manieristas del convento
¿Y si fuera, por suerte, la caída,
en alguna trampilla, bajo el surco?
Mi vida es un sabor: tabaco turco.
Y no hago nada más que fumar vida.
Lo que quiero es, en fin, la fe y la calma.
No tener sensaciones tan confusas.
¡Acabe Dios con esto! ¡Que abra esclusas!
¡Ya basta de comedias en mi alma!
(Del libro Antología de Álvaro de Campos, Madrid, Alianza Editorial, 1987, pp. 11-17)
Versos de su heterónimo Ricardo Reis para la lápida del escritor
Capilla del claustro del Monasterio de los Jerónimos
donde descansan desde 1985 los restos de Fernando Pessoa

La actriz Milla Jovovich en la película de Luc Besson del año 1999
Juana de Arco
pintada por Dante Gabriel Rosetti (Londres, 1828 - Kent, 1882)
Juana de Arco en la hoguera de la plaza de Rouen el 30 de mayo de 1431
Estatua ecuestre de Juana de Arco en París
Es una lástima que desconozca el idioma holandés, porque si este libro en la lengua neerlandesa original con la que fue concebido utilizara una prosa poética, de esas que se evaporan en la traducción, nos hallaríamos ante una obra cumbre. Visto desde el español, la impresión que deja es la de ser una obra correcta, por momentos fallida y en escasas ocasiones sublime. Hay que agradecer al autor que en ningún caso recurra a la sensiblería, pero también podría reprochársele no habernos dicho más de lo que sabe, o de lo que debió haberse documentado, acerca de los escritores que yacen en cada tumba.
Cees Nooteboom, una celebridad en Holanda, al parecer el mejor escritor vivo de aquellas tierras bajas respecto al nivel de los mares, digamos que una cima literaria en medio de extensas llanuras florecidas con esas plantas bulbosas que conocemos por tulipanes, estaba en condiciones de afrontar este ambicioso proyecto con mucha paciencia a través de los años. Y lo ha logrado. Cuenta a su favor el hecho de que a muchos de los retratados los conoció en vida, por lo que pasa a relatarnos esa clase de pequeños incidentes con los que suele mezclarse la salsa de la literatura.
Simone Sassen en Australia (1989)
Se cuelan personajes que no admiro, como el ínclito Marcel Duchamp, un artista plástico aborrecible, así como algún que otro escritor raro que por ser inédito en estos lares idiomáticos castellanos vaya usted a saber qué tal es. Ahora bien, están muchos de los que verdaderamente importan, empezando por Virgilio y siguiendo por Chateaubriand, Ítalo Calvino, Balzac, Elias Canetti, Joseph Brodsky, el Dante, Goethe, Flaubert, Baudelaire, James Joyce, Cervantes, Kafka, Herman Melville, John Keats, Leopardi, Neruda, Ezra Pound, Robert Louis Stevenson, Antonio Machado, Bertolt Brecht, Nabokov, Spinoza, Witold Gombrowicz, Thomas Stearns Eliot, Walter Benjamin, René Char, César Vallejo, Wittgenstein, Oscar Wilde y Jorge Luis Borges, hasta acabar en Robert Graves. Buen libro, en suma. Digamos que algo hecho con estos ingredientes básicos sería muy difícil echarlo a perder.



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The pretty island










