viernes, 19 de febrero de 2016

Una película muy premiada que no vale casi nada

 
El sonido y la fotografía son lo más destacable aquí
 
SICARIO
(2015)
 
Cuando en una película lo mejor es la banda sonora es que algo va mal, porque uno no va habitualmente a una sala de cine o alquila un DVD en un videoclub para escuchar un concierto. Este film es un subproducto, huele a serie B y a escaso presupuesto, pero lo grave es que han dilapidado 30 millones de dólares en hacerlo. La historia avanza lenta, como si no existiera un guion bien definido, y el director rodara esperando a ver si mientras tanto se le viene alguna idea a la cabeza para poder filmar la próxima escena.
 
 
Josh Brolin
(Los Ángeles, California, 1968)
Aporta un plus de credibilidad al reparto por su carisma
 
Que un largometraje de 121 minutos sobre el narcotráfico y la violencia criminal en Ciudad Juárez no aborde el escabroso tema de las mujeres violadas, secuestradas y asesinadas por centenares es una omisión muy grave. Claro que, como vivimos en la época del postbuenismo zapaterista, la alianza de civilizaciones y la corrección política, se supone que por incluir a una inverosímil mujer entre un reparto de hombres duros ya la cuota feminista se cumple y quedamos todos estupendos.
 
 
Emily Blunt
(Londres, Inglaterra, 1983)
No encaja entre un comando de hombres ni con fórceps
 
Es hasta cierto punto inexplicable que un gran actor como Benicio del Toro se preste a un proyecto tan defectuoso. Todo en esta película parece arrastrarse cansinamente hacia un final frío y anodino. Será porque los actores son en su mayoría egomaníacos exhibicionistas y lo que le importa al actor portorriqueño es lucirse él y lo demás no le preocupa. El colmo es que una parte considerable de la crítica valora muy bien este trabajo del director Denis Villeneuve. Yo diría que es como para hacérselo mirar.

 
Denis Villeneuve
(Quebec, Canadá, 1967)
Parece que hubiera dirigido la película ingiriendo somníferos
 
En el aspecto positivo hemos de reconocer que la secuencia en la que Alejandro (Benicio del Toro) asesina a una familia entera, la del jefe del cártel de Sonora, Manuel Díaz, por lo menos demuestra un cierto parangón con “El precio del poder” (1983) de Brian de Palma. Me refiero a las escenas finales cuando unos matones entran en el lujoso palacio de Tony Montana (Al Pacino) para matarlo. Reconozco también que gracias a la película podemos ver cómo son las ciudades mejicanas fronterizas con Arizona, una especie de amasijos suburbiales.
 
 
Benicio del Toro
(San Juan, Puerto rico, 1967)
Un actor de la estirpe de Brad Pitt
 
Llama la atención la publicidad descarada de una marca de tabaco, no sé si real o ficticia, “Indian Creek” (“Manantial Indio”) que la actriz Emily Blunt fuma. Lo triste no es la venalidad que esta propaganda encubre, sino que dentro de poco se considerarán no aptas para menores aquellas películas en que se fume, pero seguirán siéndolo todas en las que se asesinen personas como mondadientes se tronchan en una caseta de tiro en una feria de atracciones.
 
 
La sosería de Emily Blunt contrasta con el brío de Benicio del Toro
 
Como ya es un tópico, la cinta nos muestra el doble juego de la policía y las agencias federales, incluso de la CIA, con sus conspicuos representantes de la ley que en realidad trabajan para los narcos. Bueno, al menos el guionista Taylor Sheridan no trata de engañarnos. Pero como esto es algo ya archisabido, la originalidad que propone es la de un tipo que busca una venganza personal escudándose en su oficio como agente anti-drogas. Digamos que se vale de medios públicos para conseguir fines privados. Algo que le parece pura corrupción a Kate Macer (Emily Blunt) hasta el punto de querer dispararle y eliminarlo.

 
Victor Garber
(Londres, Inglaterra, 1949)
Encajó perfectamente en su papel de jefe de operaciones
 
Bueno, ya tenemos aquí al fuera de la ley que siempre merodea en la idiosincracia del western americano. Lo malo es que a esta película le falta alma. El tratamiento quiere parecer profundo a base de sernos ocultado su propósito. La trama simula ser compleja y la verdad es que se queda en un análisis superfluo de la realidad. Mostrar unos cuerpos descuartizados está al alcance de las fotografías en cualquier página web o periódico, mientras que el cine debería servir para penetrar más hondamente en las raíces del sufrimiento humano.
 
 
Se dispuso de muchos medios para al final hacer un bodrio
 
Josh Brolin en el papel del agente gubernamental Matt se desenvuelve con el desenfado propio del hombre medio norteamericano, y para resaltarlo recurre a masticar chicle con soltura. Quien de veras se luce es Jóhann Jóhannsson, el compositor de la música, especialmente cuando el comando anti-narcóticos penetra en un túnel para liquidar a unos cuantos delincuentes. En fin, creo que esta película defrauda las expectativas que genera por el asunto que aborda. Particularmente, esperaba un trabajo al nivel que demostró Alejandro González Iñárritu en “21 gramos” (2003), pero me he encontrado con una producción vacua, distante y gélida como si tuviera el espíritu de un mediocre estreno concebido para la televisión.
 
(Reseña escrita por Andrés González Déniz)
 
 
Esta cinta se merece un premio a la película más plasta

miércoles, 17 de febrero de 2016

El cantante que se sentía contagioso y estúpido

  
Para realizar este documental el director y guionista Brett
Morgen tuvo acceso al archivo personal de Kurt Cobain
 
MONTAGE OF HECK
(MONTAJE INFERNAL)
(2015)
 
“Algunos dicen que el amor es como un río…” Y a continuación Kurt Cobain se desploma sobre el escenario. Así comienza el montaje de mil diablos que supuso rodar este biopic que avanza tal y como fue la vida del cantante y compositor, alguien que estuvo sometido a la tensión mental del éxito y a la obligación de alimentarlo con más canciones fabulosas. Las imágenes en color de los años 60 pasan ante nuestros ojos. El director Brett Morgen entrelaza fotogramas de una época económicamente feliz para los padres de Kurt Cobain, quien aparece cuando tenía un año, cuando cumple dos, cuando llega a la adolescencia y cuando se va destruyendo tras su adicción a la heroína.
 
 
El vocalista y compositor cuando era un niño
 
La música de fondo es la del artista tristemente desaparecido. Las especulaciones sobre su posible asesinato han dejado paso a la hipótesis del suicidio. Pero, ¿por qué días antes de quitarse la vida desapareció y la policía tuvo que buscarlo? Y cuando lo encontró, ¿por qué declaró que se escondía de su pareja, Courtney Love? ¿Es creíble que se matase con un disparo de escopeta? Si era tan sensible y temeroso, ¿por qué no recurrió a otros métodos más delicados para irse de este mundo? ¿Acaso no había intentado poco antes de su deceso suicidarse tomando 67 pastillas de Rohipnol (flunizatrepam, una benzodiazepina utilizada como sedante para dormir) en la ciudad de Roma?
 
 
Kurt Cobain tocando la guitarra en su etapa adolescente
 
Kurt Cobain fue un niño hiperactivo al que tocó la mala suerte de ser uno de los primeros de su generación que fueron medicados con Ritalin (metilfenidato), una sustancia que no sólo no le curó, sino que más bien le sirvió de antesala a la ingesta de anfetaminas. Tenía una conducta tan destructiva que, cuando sus padres se separaron, el progenitor rechazó la custodia y la madre no le aguantó mucho tiempo, enviando el revoltoso crío a vivir con unos tíos.
 
 
Kurt Cobain antes de alcanzar el éxito que lo cambió todo
 
A medida que se hizo mayor su estilo de vida fue cada vez más anárquico. El colmo del caos al que llegó lo ejemplifica el hecho de que para la ceremonia de su boda acudiera en pijama. No era una mera excentricidad de nuevo rico, tampoco una extravagancia para contentar a los fans: se había convertido en un desarramblado yonqui. Parece mentira. Todavía me parece recordar el suplemento dominical de un periódico en 1991 cuando me encontré por primera vez la portada de su disco “Nevermind”.
 
 
Ejerciendo de padre con Frances Bean Cobain, su única hija
 
Creí entonces que se trataba de jóvenes pulcros que traían un nuevo sonido de moda. El sonido “grunge” compuesto de guitarras estridentes y una voz desdeñosa que gritaba llena de angustia me capturó, como a millones de oyentes en todo el mundo, cuando escuché “Smells like teen spirit”, el gran hit que se convirtió en insignia de la “Generación X”. En realidad, procedía de la marca de un desodorante (“Teen Spirit”). Una chica escribió en la taquilla de un vestuario la frase refiriéndose a Kurt. Él mutiló el enunciado quitándole su nombre propio. Así le dio otro sentido, marcando de esa forma la década de los años noventa. Hoy queda su hija Frances, cuya dedicación profesional es la fotografía. La madre de Kurt, el padre y Courtney Love, su esposa, aparecen en este documental haciendo declaraciones y ejerciendo de protagonistas.
 
 
Kurt Cobain en pijama el día que se casó con Courtney Love,
la mujer de la que se llegó a sospechar que pudo haberlo asesinado
 
El líder de Nirvana no dejó muchos ni grandes mensajes. Su genio creador se agotó pronto. No sé hasta qué punto sintió el pánico del vacío creador, él, un hombre que, aunque con su cuerpo solía hacer el vago, tenía el cerebro siempre inquieto. Lo imagino torturado por la incapacidad de seguir componiendo buenas canciones, pero es una mera sospecha. Su siguiente trabajo, “In utero”, fue de inferior calidad al anterior. Sea lo que fuere, lo cierto es que ha dejado un puñado de grandes temas para la posteridad que nos sobrevivirán a todos. Especialmente a nosotros, que nos creemos con más vida que él porque le sobrevivimos, cuando en realidad moriremos mientras él seguirá vivo.
 
(Reseña escrita por Andrés González Déniz)
 
 
Kurt Donald Cobain
(Aberdeen, Washington, 1967 - Seattle, Washington, 1994)
En la fecha de esta foto la heroína ya estaba destruyéndolo

domingo, 14 de febrero de 2016

Vinieron en algún momento desde las estrellas

 
La intención superó a la realización
 
THE THING
(LA COSA DEL OTRO MUNDO)
(2011)
 
Precuela de la película de ciencia ficción y terror dirigida por John Carpenter con el mismo título en 1982, quien a su vez se basó en “The thing from another world” (1951) de Howard Hawks. El guionista Eric Heisserer pretende explotar el filón narrativo de lo que pudo haber sucedido en una estación de la Antártida antes de la aparición de un perro de raza Alaskan Malamute perseguido por unos investigadores noruegos que son abatidos a tiros por otros estadounidenses al creer éstos que su crueldad con el animal era injustificable.
 
 
Hay que reconocer que los efectos especiales son espectaculares
 
Lo que no sabían los norteamericanos es que una forma de vida alienígena iba a irse reproduciendo dentro de los organismos que entrasen en contacto con ella y por ese motivo los noruegos trataban de eliminar al perro infectado. La emoción en el trabajo de John Carpenter y Howard Hawks estribaba en la intriga de quién sería el próximo que estaría incubando al monstruo sin saberlo. En esta ocasión el director Matthijs van Heijningen Jr. intenta repetir el procedimiento, pero el resultado es frío y distante.
 
 
Esta producción causa más frío que terror
 
Disfrutando de más medios, con un presupuesto de 35 millones de dólares frente a los 15 que costó “The Thing” de John Carpenter, lo único que aporta con respecto a aquella son unos efectos especiales más sofisticados. Kate Lloyd (Mary Elizabeth Winstead) lleva el peso de toda la trama y aunque hace un buen trabajo parece no creérselo ella misma. Se le nota por momentos que se siente en un plató de rodaje. Por el contrario, el doctor Sander Halvorson (Ulrich Thomsen) es el personaje más logrado gracias a la interpretación inmejorable del actor danés que lo encarna.
 
Mary Elizabeth Winstead
(Rocky Mount, Carolina del Norte, 1984)
Le falta un poco de brío a esta actriz en líneas generales
 
La fotografía de Michel Abramowicz es otro de los aspectos destacables de esta cinta por su pulcritud y nitidez. La música de Marco Beltrami se mimetiza con el film arropando las escenas cruentas. Entre los actores secundarios destaca la consistente actuación del actor inglés Adewale Akinnuoye-Agbaje interpretando a Derek, un piloto de helicópteros. El norteamericano Erich Christian Olsen encarna a un asistente del doctor Sanders, un joven Adam Finch que llama la atención por su belleza física, algo que le perjudica dado que, al resaltar tanto, le hace parecer fuera del elenco dramático. El australiano Joel Edgerton no tiene ocasión de lucir sus grandes cualidades en el rol del piloto militar Carter porque su papel no es muy extenso.
 
 
Adewale Akinnuoye-Agbaje
(Londres, 1967)
&
Joel Edgerton
(Sídney, 1974)
 
La sensación que deja este largometraje de 102 minutos es decepcionante. Las expectativas que generó se ven, a mi juicio, totalmente defraudadas. Mucha calidad tecnológica, muchas tonalidades cristalinas de colores, mucho bicho extra-planetario al estilo de “Alien, el octavo pasajero” (Riddley Scott, 1979), pero el único miedo que provoca es el que transmite la inmensidad helada del paisaje antártico. Ocurre muchas veces en el cine que un gran proyecto se malogra. He aquí uno más que si no se hubiera hecho dejaría intacta la historia del celuloide puesto que no añade nada significativo ni logra superar la obra de la que parte como referencia.
 
(Reseña escrita por Andrés González Déniz)
 
 
Una forma de vida extraña a la Tierra nos amenaza

viernes, 12 de febrero de 2016

Tarde o temprano a todos nos afecta la codicia


101 minutos de intriga y tensión
 
TRANCE
(2013)
 
Thriller psicológico rodado entre Londres y Kent por el prestigioso director Danny Boyle, una garantía de calidad porque como si fuera un rey Midas convierte en oro todo lo que filma. Al igual que en la premiada “Slumdog millionaire” (2008), vuelve a trabajar con el fotógrafo Anthony Dod Mantle consiguiendo en ese apartado que ambos largometrajes sean almas gemelas.
 
 
James McAvoy
(Scotstoun, Escocia, 1979)
Un actor polifacético que domina todas las facetas de la expresión
 
La trama es compleja y se abusa de la paciencia del espectador haciéndola demasiado rebuscada. Incluso podría decirse que bordea el aburrimiento, pecado mortal en un producto concebido para la diversión. Que una película de acción contenga tan pocos tiroteos ya huele mal, y mientras la estás contemplando tienes que irte haciendo a la idea de que el proyecto es fundamentalmente un intrincado enredo que juega con los sueños, la hipnosis y la realidad ofrecida de modo fragmentario. Todo esto resulta muy pretencioso, pero haber conseguido estar a la altura del complicado guion escrito por Joe Ahearne es un hito al que habremos de reconocerle su mérito.
 
 
Vincent Cassel
(París, Francia, 1966)
Este hombre viene a ser al cine negro lo que Robert Mitchum al western
 
Simon (James McAvoy) es un ayudante del equipo de seguridad en una casa de subastas al estilo de Sotheby’s. Para pagar las deudas contraídas en su pasado como jugador de póker se confabulará con una banda para robar el óleo “Vuelo de brujas” de Francisco de Goya, un cuadro que en verdad se halla en el Museo del Prado, pero que en esta ficción se pondrá en venta. Tras perder la memoria al ser golpeado por dos veces, con la culata de un fusil primero y atropellado por un coche después, el desarrollo de la narración girará en torno a las sesiones hipnóticas efectuadas por Elizabeth (Rosario Dawson) con el objeto de que recupere la memoria y se pueda saber dónde demonios escondió la pintura robada cuyo valor alcanzó en la puja el alto precio de veintisiete millones quinientas mil libras esterlinas.
 
 
Rosario Dawson
(Nueva York, USA, 1979)
Tiene un físico escultural pero como actriz peca de estatua
 
Si lo pensamos bien, no resulta muy creíble que Elizabeth consiga enamorar a Simon porque desconocemos cómo se ha desarrollado esa pasión. Tampoco terminamos de creernos que enamore a Franck (Vincent Cassel), el jefe de la banda de los ladrones. Lo suyo parece más bien sexo casual que ardiente idilio. Son dos lagunas en este celuloide que difícilmente podremos pasar por alto. Por lo demás, Danny Boyle vuelve a poner de manifiesto que posee un don natural para el séptimo arte por la agilidad con la que rueda e incluso por cómo es capaz de cambiar de registro. Da la impresión de que se hubiera entrenado previamente en el campo de los anuncios publicitarios para la televisión.
 
 
Los exteriores nos permiten apreciar cómo es el Londres nocturno
 
En definitiva, se trata de un buen trabajo en conjunto, y sobre todo, brillantemente dirigido. Eso sí, quienes busquen acción trepidante no van a encontrarla aquí más que a cuentagotas. Durante largos momentos se parece más a una obra de teatro del tipo “Seis personajes en busca de un autor” (1921) de Luigi Pirandello, con los actores desenvolviéndose en espacios interiores y dialogando entre sí, sólo que en este caso no para buscar un escritor al que pedirle explicaciones, sino para exigir pistas a un compinche amnésico con tal de encontrar el botín que supone una obra de arte antigua.
 
(Reseña escrita por Andrés González Déniz)
 
 
Danny Boyle
(Manchester, Inglaterra, 1956)
Si su nombre aparece en los créditos es que la película es buena

jueves, 11 de febrero de 2016

Porque el ser humano es un "zoon politikón" tribal

 
Dice el refrán que "quien no tiene un padrino, no se bautiza"
 
NEPOTISMO Y RED SOCIAL
 
El hijo de aquel actor, archifamoso en series
de televisión, trabaja en películas de Hollywood
gracias a que su padre residía en Malibú
al lado de un productor a quien le pidió que viese
 
qué podía hacer por su retoño. El presidente
de un gran banco legó en su hija, cual rey Ubú,
la dirección de la entidad financiera sin que su
preparación fuera la mejor ni tuviera que verse
 
 
Andrés Rábago García
"El Roto"
(Madrid, 1947)
 
en el brete de una entrevista o superar
una oposición. El director de una orquesta
fue designado por ser el amante del mandamás
 
en el área afín de la que depende la escena
musical. Así funcionan las cosas en general,
aunque afirmen que hay que estudiar una carrera.
 
(Poema escrito por Andrés González Déniz)
 
 
Nos hablan de igualdad de oportunidades, pero de boca para afuera

miércoles, 10 de febrero de 2016

He aquí por qué llamamos cerdos a los que matan

 
La fotografía de este film es de Michael Jari Davidson
 
BERKSHIRE COUNTY
(CONDADO DE BERKSHIRE)
(2014)
 
Un terrorífico thriller del subgénero ”slasher”, es decir, de los que muestran a un psicópata asesino de adolescentes que han tenido algún desliz con el sexo o las drogas. Audrey Cummings dirige este producto enfocado al entretenimiento sin mayores pretensiones. Es verdad que hace referencia a la célebre escena del baño en la película “Psicosis” (1960) de Alfred Hithcock, cuando la protagonista Kylie Winters (Alysa King) se está duchando y su madre se aproxima, descorre bruscamente la cortina de plástico y nos da, más que un susto, un pequeño sobresalto.
 
 
La cicatriz en la muñeca jugará un papel importante al final de la historia
 
Además, también hay un guiño al Freddy Krueger creado por Wes Craven cuando vemos que el asesino arrastra un cuchillo de cocina frotándolo contra la superficie de una encimera de forma similar al monstruo de “Pesadilla en Elm Street” (1984), quien lo hacía con sus largas uñas metálicas. Pero para de contar. El resto de la película es más bien deudor de “Viernes 13” (1980) por los paralelismos en la forma de asesinar. Simultáneamente guarda una cierta semejanza con “White settlers” (2014) por aparecer los malvados con una máscara aprovechando que es la noche de Halloween.
 
 
Alysa King
La actriz y cantante canadiense lleva a cabo una actuación irreprochable
 
La primera mitad de la película es irreprochable. Un inicio misterioso y poético, con una carretera desértica y un vehículo que no se sabe hacia dónde se dirige. A continuación, un incidente grotesco en una fiesta de estudiantes universitarios con una joven que intenta huir de compañeros de clase ruines, groseros y egoístas. A la pobre chica la grabaron con la cámara de un teléfono móvil mientras realizaba una felación y luego se rieron de ella. Kylie Winters tendrá que alejarse para reconducir su vida y encontrará una oportunidad trabajando de canguro con dos niños en una mansión durante una noche que se le hará eterna.
 
 
Madison Ferguson y Alysa King al comenzar la noche de Halloween
 
La segunda mitad no puede decirse que resulte bien lograda. No están hábilmente entrelazadas las secuencias en las que huye de los asesinos que entraron en la casa ni parece verosímil el modo en el que se esconde sin que la detecten. Tampoco la camioneta donde se oculta parece que pueda ser tan profunda como para no ser vista dentro de ella cuando se abre el portón trasero. Aun así, la directora ha hecho lo que ha podido y nadie le ha exigido que sea un genio.
 
 
Bart Rochon
Al actuar bajo una máscara sus cualidades como actor son una incógnita
 
Los dos críos que intervienen actúan de modo natural, sobre todo el varón, que parece estar siendo él mismo sin asustarse en absoluto. La niña, en cambio, sí logra transmitir temor y ansiedad. La coda final de este largometraje es interesante, aunque se le nota que deja la puerta abierta para la continuación de otra secuela que, me imagino, no tardarán en filmar. El exceso de sangre derramada no tiene sentido en ésta ni en ninguna otra película, puesto que causa asco en lugar de terror. En fin, se trata de pasar 83 minutos entretenidos y la verdad es que, por momentos, la experiencia de ver una residencia tan hermosa es grata.
 
 
Aaron Chartrand
Estuvo perfecto en su papel de muchacho frívolo, obsceno y repugnante
 
Sobre el caserón y la actriz Alysa King gira todo el eje central de la trama. Jim McGrath cumple con profesionalidad en el apartado de la banda sonora aunque sin crear ninguna melodía memorable. Michael Jari Davidson se luce en el apartado de la fotografía cuando luce el sol y fracasa con estrépito durante la oscuridad nocturna. Chris Gamble es el responsable de un guion que no aporta novedad alguna respecto a otros filmes de temática semejante. El grave fallo que cometió es la carencia de móvil en los acosadores. Su violencia es gratuita. En resumen, una película ideal para comer roscas, beber refrescos, sentir algo de temor y pasar un buen rato. 
(Reseña escrita por Andrés González Déniz)
 
 
Este trabajo da la impresión a veces de falta
de destreza en la dirección de la cámara

martes, 9 de febrero de 2016

This story is about the broken american dream


 
No permitas que te capturen de ninguna forma
 
7 MINUTES
(SIETE MINUTOS)
(2014)
 
Buena película. El mérito es de su director y guionista Jay Martin. Ha sabido extraer de una historia sencilla momentos de poesía como cuando un policía, frustrado por no conseguir el amor de una prostituta llamada Brandy (Mariel Neto), circula por la noche con su automóvil bajo las luces de neón de la ciudad. La música de U2 también ayuda a crear esos instantes melancólicos.

 
Luke Mitchell
(Gold Coast, Australia, 1985)
Fenomenal actor que logró dar un carácter "naif" a su personaje
 
El asunto central de este largometraje es el desplome del sueño americano. En medio de la situación económica actual con trabajos precarios y despidos baratos resulta imposible ahorrar para ascender en la escala social o establecerse en un lugar más céntrico. No es posible salir de un pueblo y librarse de estar trabajando en una hamburguesería cobrando sueldos míseros. El protagonista, Sam (Luke Mitchell), ve una salida en la venta ilegal de drogas blandas. Pero pronto descubrirá que el negocio está en el éxtasis y las metanfetaminas.
 
 
Jason Morgan Ritter
(Los Ángeles, 1980)
Interpretó a un joven pandillero buen colega de sus amigos
 
Desgraciadamente, la vida está llena de casualidades y algunas son funestas. Cuando Sam y sus amigos Mike (Jason Ritter) y Owen (Zane Holtz) consiguen del mafioso Doug (Christopher Soldevilla) una partida de pastillas de ácido valoradas en 62.000 dólares, les sucede que creen ser perseguidos por la policía. Se detendrán en una estación de servicio y Owen aprovechará, asustado, para tirar las pastillas a un inodoro. Los polis se marchan y entonces se dan cuenta del error. Ahora tendrán que afrontar el serio problema de cómo devolver los 62.000 dólares a Doug.
 
 
 Zane-Ray Brodie Holtz
(Vancouver, Columbia Británica, Canadá, 1987)
Aquí aparece junto a Kris Kristofferson (Brownsville, Texas, 1936)
 
Se les ocurre como única salida planear el atraco a un banco. La operación debería durar los siete minutos que dan título al film. Y Jay Martin, con sabia maestría, es capaz de convertir esos 7 minutos en los 92 que dura el metraje utilizando “flashbacks” que explican la situación de cada personaje en el momento de iniciar el asalto a una entidad financiera con el pretexto moral extraído del viejo refrán que decía aquello de que quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón.

 
Kevin Gage
(Wisconsin, 1959)
De todo el elenco de actores contratados fue el mejor por su dureza
 
Lo malo es que atracar un banco no es tan fácil. Especialmente si vas dejando pistas que despierten la codicia de otros por llevarse el botín.  Jay Martin ha facturado un película que hubiese agradado al mismísimo Quentin Tarantino, de hecho tiene reminiscencias de “Reservoir dogs” (1992). En efecto, aquí también hay un pastel que repartirse y habrá que ver cómo consiguen saldarlo.

 
 Leven Alice Rambin-Parrack
(Houston, Texas, 1990)
Magnífica actriz que supo dotar de ternura su estado de buena esperanza
 
El final, dentro de lo trágico, es más bien feliz. Hay muertos por el camino, como es lógico y era de esperar. Sin embargo, la lección última se parece a la que versificó el poeta Lucano hace mil novecientos noventa y cinco años en su “Farsalia”: “Las espadas han sido concedidas para que ninguno sea esclavo”. Pongamos “armas de fuego” donde dice “espadas” y tendremos la propuesta que flota siempre en la mentalidad del imaginario norteamericano.
 
(Reseña escrita por Andrés González Déniz) 
 
 
No dejes que te atrapen de ningún modo