jueves, 24 de noviembre de 2011

El erudito que escribía versos en ínsulas extrañas


Lázaro Santana
(Las Palmas de Gran Canaria, 1940)

LAS PALMAS, 1529

Hannes Cantor y Enrique
Oldaiszer, dos flamencos
llegados a Canarias
para ejercer su oficio
habitual de comercio,
el martes, treinta y uno
de agosto, fueron presos
y conducidos ante
el Inquisidor, Luis
de Padilla, en Las Palmas.
Ambos eran culpados
de posesión de libros
heréticos: discípulos
de Lutero, llevaban
consigo la herramienta
práctica de su fe.


Martín Lutero
(Eisleben, Alemania, 1483 - 1546)


Mientras verificábanse
los hechos y evidencias,
los dos hombres quedaron
en libertad. El Santo
Oficio les previno:
que hasta tanto no fuera
dictada otra medida
al respecto, tuvieran
"esta cibdad por cárcel".


Puente de Piedra que unía Vegueta con Triana
en la muy noble y leal ciudad de Las Palmas de Gran Canaria


Hannes Cantor y Enrique
Oldaiszer, los flamencos,
deambularon, sin duda,
durante lentos meses
(quizás durante años)
por esta misma playa
de Las Canteras, bajo
estas iguales nubes
de plomo, el aire espeso
y húmedo. Hombres del norte
habituados al diálogo,
a la razón, al frío
pero social acuerdo,


Playa de Las Canteras en 1885


sentirían primero
desasosiego y luego
temor. Impotentes,
perplejos, mirarían
el cerrado horizonte
del mar. Sin poder, solos
y extraños, explicarse
a la gente; el desprecio,
la incomprensión, la burla,
minarían su fuerza
moral y su energía.
Y finalmente, Enrique
y Hannes serían sombras:
dos seres anulados
por la ciudad sujeta
a su Dios y política.


Alameda de Colón en 1909

 
Las actas del proceso
refieren una historia
de naufragios, de equívocos
y de arrepentimientos.
Hannes Cantor y Enrique
Oldaiszer abdicaron
de su fe. No hay constancia
de que fuera preciso
emplear la tortura:
la ciudad lo hizo todo.



Murallas del cuartel de Alonso Alvarado
con la catedral de Santa Ana al fondo en 1893


APÓCRIFOS DE CATULO

(FRAGMENTOS)

I

Has vuelto, Veranio, de tu viaje
a Iberia. Salud, y bienvenido.
Tu familia se alegra
de verte sano, salvo y acrecido
en saber y experiencias.

II

He apurado mi jarra de vino,
mi cabeza reposa en tus senos,
mi mano se detiene en tu muslo,
tus dedos juegan con mi sexo.
Lesbia, concluyamos
lo que hemos empezado. Luego
leeré esos papeles que me aluden.
Saciado y satisfecho
los analizaré amablemente.
Siempre hallaré utilidad para ellos.

III

Hicimos cuanto se pudo, Lesbia.
El que a pesar de todo
velemos un cadáver, es efecto
que originan los dioses con sus causas
inescrutables. Piensa (y consuélate un poco)
qué dirá un poeta de esta muerte:
"El pájaro de oro se ha evadido
por un rayo de sol de la mañana".


[Poemas extraídos de Santana, Lázaro: Bajo el signo de la hoguera, Madrid, Viceconsejería de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias, 1989, (selección y prólogo de Eugenio Padorno), (colección "Biblioteca Básica Canaria", vol. nº 41), pp. 200]


Monumento dedicado al poeta latino 
Cayo Valerio Catulo
(Verona, 87 a. C. - Roma, 54 a. C.) 
en Sirmione, donde disfrutó breves temporadas
en los baños termales del lago de Garda

No hay comentarios:

Publicar un comentario