martes, 14 de marzo de 2017

Las disquisiciones de un zapaterista desnortado

 
(Sánchez-Cuenca, Ignacio: La desfachatez intelectual. Escritores e intelectuales ante la política, Madrid, Los Libros de la Catarata, 2016, 7ª edición ampliada, pp. 247, pvp: 18 euros)
 
UN ENSAYO POLÉMICO
 
Me interesé por este libro tras leer una entrevista a toda página en un periódico local. Parecía que se trataba de un profesor de Ciencias Políticas que arremetía contra las fallas de argumentación que detectaba en los llamados creadores de opinión que se asoman a las columnas de la prensa escrita. Una vez leídas sus páginas me queda un sabor decepcionante, pues Ignacio Sánchez-Cuenca no practica lo que predica. Es él quien tiene que documentarse más para no incurrir en opiniones arbitrarias o no convertirse en un manipulador maquiavélico, como cuando celebra al presidente Zapatero (del que fue asesor) y calla todo aquello negativo que pudiera afectarle.
 
 
Antonio Muñoz Molina
(Úbeda, Jaén, 1956)
Su libro "Todo lo que era sólido" es atacado por sugerir que el estado de las autonomías tiene un sobrecoste al superponer capas administrativas y multiplicar el gasto económico. Ignacio Sánchez-Cuenca no rebate esta hipótesis ni la analiza siquiera, sino que se limita a reiterar que la crisis fue internacional y no sólo española
 
Dice por dos o tres veces en este texto semi-panfletario que no hay riesgo de guerra civil en España porque ésta no sucede nunca en países ricos. ¿Pero no ha defendido el mismo autor que en España la crisis ha agrandado la desigualdad entre ricos y pobres? ¿Y la guerra civil entre el rico Pompeyo (con el tesoro del Senado de Roma de su lado) contra un Julio César que traía un sustancioso botín de las Galias, qué era? ¿Una guerra civil entre menesterosos?
 
 
Javier Cercas
(Ibahernando, Cáceres, 1962)
A este novelista le recrimina la adulación a la monarquía borbónica, exceso en el que han incurrido todos los que al mismo tiempo se han cebado atacando la figura de Franco para lisonjear al ex rey Juan Carlos
 
Recurre a Diego Gambetta para hablarnos de "machismo discursivo", pero en todo el libro brillan por su ausencia las mujeres escritoras. Da la impresión de que al término "machismo" le ocurre lo que al del "fascismo", es decir, que se puede aplicar tanto para un roto como para un descosido. ¿Ésta es la clase de seriedad que propone nuestro sociólogo? El colmo es que da por sentada la existencia de un público español amante de lecturas donde brille el estilo. Pero vamos a ver, en un país donde el 40% de su población se jacta de no leer nunca, y donde encima el género del ensayo es muy poco atendido, ¿de dónde saca esa conclusión peregrina? En todo caso, "si lo que se escribe con esfuerzo, se lee con placer", como diría Samuel Johnson, ¿por qué demonizar a quienes se devanan los sesos en escribir de modo artístico? Espero que en este terreno a Ignacio Sánchez-Cuenca no le pase como a la zorra con las uvas.
 
 
Fernando Savater
(San Sebastián, Guipúzcoa, 1947)
De Savater parece molestarle que haya evolucionado desde el abertzalismo violento y batasuno de su juventud filoetarra hacia la opción de la paz y la convivencia actuales
 
Porque vamos a ver: este señor parece bienintencionado cuando exige más investigación antes de opinar. Muy bien. Ahora, yo no sé de ninguna figura de nuestras letras que no lo haga. Es más, diría que multiplican las exiguas lecturas que este docente de la Universidad Carlos III parece tener. Y si lo que pretende Sánchez-Cuenca es que nos traguemos esos infumables estudios llenos de estadísticas, le recuerdo que estarán muy bien para un robot, o para el almacén donde duermen el sueño de los justos las tesis academicistas e infumables, pero no para las personas con corazón lector. Olvida a Sigmund Freud cuando cree o quiere hacer creer que el ser humano está solamente movido por el raciocinio. No, hay impulsos emocionales que guían nuestra conducta. Por ejemplo, su amadísimo Zapatero objetivamente abrió la caja de los truenos cuando afirmó que aceptaría cualquier estatuto que saliera del Parlamento de Cataluña; o cuando siendo presidente de España se atrevió a decir que el concepto de nación española era discutido y discutible. Eso es racional y puede argumentarse a favor y en contra. En cambio, cuando en Eurovisión representó a España un tal "Chikilicuatre" lo hizo bajo la presidencia de Zapatero, y no es atribuible al presidente su elección. Sin embargo, en la mente de muchos puede quedar asociado semejante mequetrefe como símbolo de una época y del ridículo nacional que supuso el zapaterismo.
 
 
Jon Juaristi
(Bilbao, Vizcaya, 1951)
Ignacio Sánchez-Cuenca se muestra incapaz de saberlo leer, o lo que es lo mismo, no sabe captar las sutilezas de su inteligencia y fina ironía
 
Como la ignorancia es muy atrevida, este señor se atreve a meterse con Mario Vargas Llosa, todo un premio Nobel. Nada que objetar si al menos le hubiera leído algo más que algunos artículos. No estaría mal que se documentase, o por lo menos consultara, abriendo a sus ojos los tres volúmenes titulados "Contra viento y marea", o las memorias de su candidatura política en el Perú que llevan el rubro de "El pez en el agua". A lo mejor no hablaría tan a la ligera del liberalismo del narrador peruano. Puede que necesite adquirir los fundamentos que le faltan, porque por momentos Sánchez-Cuenca más parece un "neopodemita" ágrafo que un socialista desinformado.
 
 
Mario Vargas Llosa
(Arequipa, Perú, 1936)
Al sobresaliente escritor sudamericano lo tacha de esquemático y superficial, de pontificar, ser propagandístico y previsible. No obstante, hace estas afirmaciones gratuitamente sin demostración alguna, salvo mencionar un anecdótico elogio a Esperanza Aguirre
 
Dice que los "figurones" literarios actúan con frivolidad e impunidad en sus opiniones. No, hombre, no, que por ese camino nadie va a atreverse a emitir juicios. No se trata de aplicar la censura a gusto del Torquemada de turno. Señor Cuenca: los que escriben lo hacen desde unas convicciones que procuran estar lo mejor cimentadas y sedimentadas posible. Y desde luego, procurando evitar las contradicciones, como cuando afirma que "no quiero resultar pedante o presumido, así que evitaré los nombres" (página 56) y se pasa el resto de su alegato aportando nombres porque según el autor "el respeto al lector" así lo merece (página 64).
 
 
Arturo Pérez-Reverte
(Cartagena, Murcia, 1951)
Su estilo es tildado de luciferino, machista y demagogo, amén de mencionar una condena en firme por un plagio, pretendiendo desautorizar al autor por este simple pecado
 
Acusa a los escritores de ser provincianos y obsesionados por el tema de España, como si no hubieran superado el estigma de la generación del 98. Hombre, yo detecto que una cita utilizada, aquella de que "el nacionalismo se cura viajando (y el carlismo leyendo)" pertenece a Pío Baroja, aunque Unamuno tenía otra muy parecida ("el fascismo se cura leyendo y el racismo viajando"), prueba de que ambos eran coetáneos y se leían o recibían parecidas influencias. En cualquier caso, Sánchez-Cuenca no acierta en la atribución de la cita, lo que me lleva a deducir que en lugar de enviar al arcón de los libros olvidados a los autores del 98, tal vez sería mejor que los leyera antes de enterrarlos.
 
 
Javier Marías
(Madrid, 1951)
Se le pone junto a otros escritores como ejemplo de figurón anacrónico e intelectual melancólico que padece el síndrome del narciso herido desengañado del presente histórico y en queja constante
 
Es normal que los escritores consagrados sospechen que un advenedizo quiera ponerse a su altura criticándoles. Les ha costado mucho esfuerzo, y les sigue costando, alcanzar sus cotas de brillantez intelectual y mantenerlas como para no desconfiar de quienes quieran usufructar su sombra. El resentimiento no debería ser un motor para Sánchez-Cuenca, las energías del rencor debería guardarlas para leer mucho más y adquirir un paladar lector que le permita disfrutar de la gran literatura y no de las anómicas, frías y farragosas manipulaciones estadísticas que al parecer le encantan. Y dado que ve un proceso democrático en el hecho de que una élite dirija el secesionismo catalán, como supongo que es tan de izquierdas le voy a recordar a Carlos Marx: "El nacionalismo es un invento de la burguesía para dividir al proletariado". Y por si no le basta, ésta otra de un conservador reputado, Bernard-Henri Lévy: "El nacionalismo es siempre una tontería, y el nacionalismo étnico, una tontería asesina". Claro que, si buscamos un aristotélico término medio, recurramos a Ryszard Kapuscinski: "El nacionalismo es algo intrínsecamente malo por dos motivos. Primero, por creer que unas personas son, por su pertenencia a un grupo, mejores que otras. Segundo, porque cuando el problema es el otro, la solución implícita de este problema siempre será el otro" (esto es: eliminarlo).
 
 
Félix de Azúa
(Barcelona, 1944)
Ignorando olímpicamente el asedio y la coerción asfixiante del nacionalismo catalán, el autor se permite frivolizar sobre el exilio impuesto a sí mismo por Félix de Azúa considerándolo una muestra de egocentrismo y soberbia. Precisamente, Sánchez-Cuenca en este libro exige no frivolizar y frivoliza, así como también se manifiesta contra la ligereza, pero después se toma cosas serias como ésta a la ligera
 
Lo mejor de este libro es que intenta encender un debate en un país donde sobran los exabruptos o las descalificaciones y hace falta mucho de sana discrepancia dialogante. Sánchez-Cuenca se atreve a liquidar de un plumazo, con un sólo párrafo de apenas tres renglones, la obra del filósofo Gustavo Bueno (página 212), alguien que pensó por sí mismo y no se dejó llevar por la marea buenista e hipócrita, pancista y ortodoxa, políticamente correcta, de la marea de opinión imperante bajo la dictadura moral de la izquierda. Haría mejor en respetar a los Quijotes este alabardero Sansón Carrasco, caballero de la Blanca Luna, cuyo discurso se parece demasiado al de quien quiere imponer lo que se puede decir y lo que no según le convenga al poder estalinista de turno.
 
(Reseña crítica escrita por Andrés González Déniz)
 
 
Ignacio Sánchez-Cuenca
(Madrid, España, 1966)
Sociólogo, filósofo, profesor y tiralevitas de Zapatero

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